G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal

Para la rosa que me hiere
y la espina que me desangra,
aún me queda un corazón
y no razones para cambiarlas.
Y no levanto una queja,
ni tiro al suelo mi mañana.
No se rompe un silencio
sin que lo mejore la palabra.
Para los labios que me nombran
y esa hiel que tanto los empaña,
solo tengo una verdad
que los alcanza en la distancia.
De sol a sol, muero y revivo
con el fuego de mis entrañas.
Y no hay viento ni tormenta
que en mis adentros pueda nada.
Para la rosa que me hiere
y la espina que me desangra,
aún me queda una pasión
llevando amor entre sus alas.
Y aún te digo que te amo
con luna nueva, o luna clara,
ya resuenes con tus truenos,
ya me atraviese tu guadaña.
Si alguna vez fui una sombra,
si no llegué siquiera a nada
¡Discúlpame por Dios, mujer,
que me olvidé que era llaga!
G.S.A.