ropittella
Poeta veterana en el Portal
Coplas, canciones, romanzas, proverbiales melodías
que el pueblo se aprendió un dia,
de la memoria más pura,
de escuchar a los ancestros orar al sol y a la luna.
Pedir lluvia y alimento, con noble agradecimiento
por los frutos obtenidos
De los brujos sus conjuros, del juglar sus juglerías,
cada nota es una hazaña de sutil ingeniería,
que borda con maestría
y que aprovecha con maña.
Del mar sus ricos tesoros, del camino lejanía,
de río su manso andar, de la montaña porfía.
Del engaño jugarretas, del amor las elegías
de la traición su venganza.
Y hasta le saca poesía
a un partido de barajas.
De su ambiente cultural, mama el hombre su cantar
y como don natural, lo grita a los cuatro vientos
pa que retumbe en los cerros, como eco popular
atraviesa el mundo entero.
Le canta a la tradición, herencia de los abuelos,
al rancho, que con devoción, construyó con sus manos
y al árbol que lo aumentó con su sombra en los veranos.
A la guitarra y al piano, al bandoneón y al guijarro
o a la tarca que fue caña, como a cualquier instrumento
que lo acompañe en su canto.
Al amigo que no está, a la tierra ni que hablar.
Al patrón torturador, al odio que por avaro
le alambra el campo al peón.
Al hijo, al hermano, al perro.
Al pájaro, como ejemplo de libertad y trabajo.
Al vino, al trigo y al pan, al dios y a la mazamorra.
A la madre, al padre, y hasta a la suegra,
a todo bicho que camina le puede cantar contento.
Todo le da que hablar cuando de decir se trata
y se le hace en la garganta, un nudo de la emoción
cuando escucha a otro cantor cantar sus mismas andanzas.
Depura con juramentos de amor y de lealtad
los actos que sin piedad cometiera por error,
sabe pedir perdón, pergeniando cuatro versos.
Es dueño del universo cuando se junta con otros
muy cerquita de un fogón, a calentar el garguero
con algún licor dulzón, pa aprovechar la ocasión
de asombrar a alguna moza con muy buena relación,
y con la parla engreída de picardía y piropo
baila toda la noche, hasta entrada la oración.
Así es como la velada le pasa como si nada.
Y se va el domingo a misa,
a decir las penitencias y a guardar las apariencias
que también son sus poemas
de disculpas y alabanzas.
Como dijera Athahualpa recordando a Machado:
Las coplas, coplas no son,
hasta que el pueblo las canta.
que el pueblo se aprendió un dia,
de la memoria más pura,
de escuchar a los ancestros orar al sol y a la luna.
Pedir lluvia y alimento, con noble agradecimiento
por los frutos obtenidos
De los brujos sus conjuros, del juglar sus juglerías,
cada nota es una hazaña de sutil ingeniería,
que borda con maestría
y que aprovecha con maña.
Del mar sus ricos tesoros, del camino lejanía,
de río su manso andar, de la montaña porfía.
Del engaño jugarretas, del amor las elegías
de la traición su venganza.
Y hasta le saca poesía
a un partido de barajas.
De su ambiente cultural, mama el hombre su cantar
y como don natural, lo grita a los cuatro vientos
pa que retumbe en los cerros, como eco popular
atraviesa el mundo entero.
Le canta a la tradición, herencia de los abuelos,
al rancho, que con devoción, construyó con sus manos
y al árbol que lo aumentó con su sombra en los veranos.
A la guitarra y al piano, al bandoneón y al guijarro
o a la tarca que fue caña, como a cualquier instrumento
que lo acompañe en su canto.
Al amigo que no está, a la tierra ni que hablar.
Al patrón torturador, al odio que por avaro
le alambra el campo al peón.
Al hijo, al hermano, al perro.
Al pájaro, como ejemplo de libertad y trabajo.
Al vino, al trigo y al pan, al dios y a la mazamorra.
A la madre, al padre, y hasta a la suegra,
a todo bicho que camina le puede cantar contento.
Todo le da que hablar cuando de decir se trata
y se le hace en la garganta, un nudo de la emoción
cuando escucha a otro cantor cantar sus mismas andanzas.
Depura con juramentos de amor y de lealtad
los actos que sin piedad cometiera por error,
sabe pedir perdón, pergeniando cuatro versos.
Es dueño del universo cuando se junta con otros
muy cerquita de un fogón, a calentar el garguero
con algún licor dulzón, pa aprovechar la ocasión
de asombrar a alguna moza con muy buena relación,
y con la parla engreída de picardía y piropo
baila toda la noche, hasta entrada la oración.
Así es como la velada le pasa como si nada.
Y se va el domingo a misa,
a decir las penitencias y a guardar las apariencias
que también son sus poemas
de disculpas y alabanzas.
Como dijera Athahualpa recordando a Machado:
Las coplas, coplas no son,
hasta que el pueblo las canta.
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