yolanda
Poeta recién llegado
Si el desdén ya no incomoda,
la apatía ya no pesa,
es que ha llegado la hora
de renunciar a promesas.
Aquellas que en su día fueron
la razón de tu existencia,
el motivo de desvelos,
tu cúmulo de paciencia.
Quizá aquellas ilusiones
se envolvieron en el sueño,
y lo que querías ver grande
se volvió muy, muy pequeño.
Ante esta insignificancia
que no te venza la vida.
¡Tu Nunca fuiste vencida
ni por dagas ni por lanzas!
¡Otro caminito nuevo
que nos llene de ilusiones
nos deleite con pasiones
que los desdenes no quieren!
Y si al fin de ti resurges,
prémiate como Ave Fénix
que de ceniza se surte
Y a retomar sus quehaceres.
la apatía ya no pesa,
es que ha llegado la hora
de renunciar a promesas.
Aquellas que en su día fueron
la razón de tu existencia,
el motivo de desvelos,
tu cúmulo de paciencia.
Quizá aquellas ilusiones
se envolvieron en el sueño,
y lo que querías ver grande
se volvió muy, muy pequeño.
Ante esta insignificancia
que no te venza la vida.
¡Tu Nunca fuiste vencida
ni por dagas ni por lanzas!
¡Otro caminito nuevo
que nos llene de ilusiones
nos deleite con pasiones
que los desdenes no quieren!
Y si al fin de ti resurges,
prémiate como Ave Fénix
que de ceniza se surte
Y a retomar sus quehaceres.