Michel Manilva
Poeta recién llegado
Cuando me dices lo mucho que me quieres
y cuando gritas cuánto es que me extrañas
es lo mismo que tomaras mi corazón
entre tus blancas y delgadas manos,
para hacerle tiernas caricias que siempre,
siempre, siempre reconfortan a este complicado ser.
Es también lo mismo que me miraras fijamente
y advirtieras en mis ojos al instante
mi alma que se asoma para que la puedas ver.
Cuando me dices lo importante que para ti soy
o que mi presencia en tu vida es fundamental,
mis ojos tiemblan y mis manos lloran,
mi corazón vuela y el alma su palpitar acelera.
Cuando me dices lo mucho que me quieres
y cuando gritas cuánto es que me extrañas,
caigo a plomo en la cuenta de lo mucho que te extraño
y defino cuánto es que te quiero.
¿Imaginas qué de esto hubiera sido
si hubieras dicho Sí?
Sí, el hubiera Sí existe
y cuando gritas cuánto es que me extrañas
es lo mismo que tomaras mi corazón
entre tus blancas y delgadas manos,
para hacerle tiernas caricias que siempre,
siempre, siempre reconfortan a este complicado ser.
Es también lo mismo que me miraras fijamente
y advirtieras en mis ojos al instante
mi alma que se asoma para que la puedas ver.
Cuando me dices lo importante que para ti soy
o que mi presencia en tu vida es fundamental,
mis ojos tiemblan y mis manos lloran,
mi corazón vuela y el alma su palpitar acelera.
Cuando me dices lo mucho que me quieres
y cuando gritas cuánto es que me extrañas,
caigo a plomo en la cuenta de lo mucho que te extraño
y defino cuánto es que te quiero.
¿Imaginas qué de esto hubiera sido
si hubieras dicho Sí?
Sí, el hubiera Sí existe
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