Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
SI ÉSTE AMOR ERA TAN GRANDE E INOCENTE
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Amor,
¿Si nuestro amor era tan grande,
tan sin pecado, blanco,
avergonzando a las tardes,
que sonrosándolas las detenía,
las dominaba, las profitaba,
las agotaba,
y las fenecía;
y entrabamos a las noches
y volábamos,
entre las luces azules
más claras que el día;
noches íntimas y nuestras,
¡tan nuestras!
Y más inevitables
y consecuentes,
que una espada afilada
a la cobardía?.
¿Si tiritaban estrellas
afuera,
muertas de frío?:
Estrellas lejanas,
en esas horas santas
y en esas horas profanas.
Estrellas claras
de plata,
de metal precioso,
amigas de nombre,
mas por celos contrarias,
pues nuestras almas eran una,
y nuestras manos eran limpias,
de esfuerzo rojo y auténtico,
sudadas
y sudarias.
¿Por qué,
si nos necesitábamos tanto,
que compartíamos el aire?
¿Por qué,
Si yo besaba tu sombra,
y Dios era nuestro aliado,
nuestro ministro de bodas,
el común altar dorado,
y el cofre de pasiones
que en la vida a los amantes
a los verdaderos amantes
Él siempre les abre?
¿Por qué,
si yo lloraba en tu llanto,
y reía en tu alegría;
si nuestra isla era un poema,
y nuestras Pagodas:
aquellos Templos
de dichas sin letanías,
y el origami un recreo,
un refrescante y tibio viento
inocente melodía?.
¿Por qué me pregunto ahora,
esta vida tan cruel,
tan inconsciente y distante,
te separó de mí,
para más nunca alcanzarte?.
¿Por qué mi cuna de oriente,
me alejó de tu vida,
quedando desamparado,
de tu pelo,
de tu risa y tus anhelos:
mis trincheras y baluartes?.
¡Ingrata vida mía!.
Pues ahora corazón,
por asentarme en tu amor,
lloraré eternamente.
Penaré y serás solo,
una lejana ilusión,
un recuerdo,
una quimera,
una espera sin fin,
una pena latente.
Una soledad de hierro:
dura,
tenaz,
amarga;
amarga y doliente.
&&&&&&
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Amor,
¿Si nuestro amor era tan grande,
tan sin pecado, blanco,
avergonzando a las tardes,
que sonrosándolas las detenía,
las dominaba, las profitaba,
las agotaba,
y las fenecía;
y entrabamos a las noches
y volábamos,
entre las luces azules
más claras que el día;
noches íntimas y nuestras,
¡tan nuestras!
Y más inevitables
y consecuentes,
que una espada afilada
a la cobardía?.
¿Si tiritaban estrellas
afuera,
muertas de frío?:
Estrellas lejanas,
en esas horas santas
y en esas horas profanas.
Estrellas claras
de plata,
de metal precioso,
amigas de nombre,
mas por celos contrarias,
pues nuestras almas eran una,
y nuestras manos eran limpias,
de esfuerzo rojo y auténtico,
sudadas
y sudarias.
¿Por qué,
si nos necesitábamos tanto,
que compartíamos el aire?
¿Por qué,
Si yo besaba tu sombra,
y Dios era nuestro aliado,
nuestro ministro de bodas,
el común altar dorado,
y el cofre de pasiones
que en la vida a los amantes
a los verdaderos amantes
Él siempre les abre?
¿Por qué,
si yo lloraba en tu llanto,
y reía en tu alegría;
si nuestra isla era un poema,
y nuestras Pagodas:
aquellos Templos
de dichas sin letanías,
y el origami un recreo,
un refrescante y tibio viento
inocente melodía?.
¿Por qué me pregunto ahora,
esta vida tan cruel,
tan inconsciente y distante,
te separó de mí,
para más nunca alcanzarte?.
¿Por qué mi cuna de oriente,
me alejó de tu vida,
quedando desamparado,
de tu pelo,
de tu risa y tus anhelos:
mis trincheras y baluartes?.
¡Ingrata vida mía!.
Pues ahora corazón,
por asentarme en tu amor,
lloraré eternamente.
Penaré y serás solo,
una lejana ilusión,
un recuerdo,
una quimera,
una espera sin fin,
una pena latente.
Una soledad de hierro:
dura,
tenaz,
amarga;
amarga y doliente.
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