Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Si fueras tú, serías el susurro
de la lluvia en las hojas, temblorosa y constante,
la voz de la tierra que canta en silencio
bajo el peso del cielo.
Si fueras tú, cada palabra tuya
sería una semilla, lanzada al viento del sur,
brotando en los jardines ocultos de mi pecho,
floreciendo en rojo, en violeta, en ardiente esperanza.
Y si fueras tú, amor, serías la noche
envuelta en el manto de estrellas fugaces,
donde cada deseo susurrado, cada sueño tejido,
es un universo naciente en tus ojos.
Serías la sal, el pan, el vino,
la mesa servida bajo la sombra de antiguos olivos,
donde tus manos y las mías se encuentran,
se reconocen, se entrelazan.
Si fueras tú, serías el final del dolor,
el principio de todo lo que no puedo nombrar,
porque en tu presencia, cada palabra sobra,
y solo importa el silencio que habla, que vive, que arde.
de la lluvia en las hojas, temblorosa y constante,
la voz de la tierra que canta en silencio
bajo el peso del cielo.
Si fueras tú, cada palabra tuya
sería una semilla, lanzada al viento del sur,
brotando en los jardines ocultos de mi pecho,
floreciendo en rojo, en violeta, en ardiente esperanza.
Y si fueras tú, amor, serías la noche
envuelta en el manto de estrellas fugaces,
donde cada deseo susurrado, cada sueño tejido,
es un universo naciente en tus ojos.
Serías la sal, el pan, el vino,
la mesa servida bajo la sombra de antiguos olivos,
donde tus manos y las mías se encuentran,
se reconocen, se entrelazan.
Si fueras tú, serías el final del dolor,
el principio de todo lo que no puedo nombrar,
porque en tu presencia, cada palabra sobra,
y solo importa el silencio que habla, que vive, que arde.