Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Si la vieras con mis ojos,
si pudieras sentir su cercanía,
si presintieras el abismo,
que duerme en sus hombros.
Cuando creo que lo pierdo todo,
en su abrazo,
ella me devuelve la luz que me quito la distancia,
con la brisa de su aliento.
Como si fuera un ramo de primaveras nuevas,
como si ella fuera el viento,
culpable eres nuevamente,
por este amanecer que perece en mi ojos.
Si la vieras con mis ojos verías donde se recoge
y sueña el sol,
verías al mar llorar en silencio,
la angustia de sus propias olas,
y entenderías porque llora también mi piel.
Si la vieras con mis ojos,
si pudieras sentir su cercanía,
si presintieras el abismo,
que duerme en sus hombros.
Si la vieras,
cuando duerme,
en su reposo que hago mío,
bordo el roció de cada mañana
en las pausas de su boca
y la beso, sin besarla,
y la acaricio, sin tocarla,
y la amo, si,
la amo,
sin más razones que ella,
en este y en los sucesivos días,
si la vieras con mis ojos,
y si tú me vieras cuando te miro dormida.
si pudieras sentir su cercanía,
si presintieras el abismo,
que duerme en sus hombros.
Cuando creo que lo pierdo todo,
en su abrazo,
ella me devuelve la luz que me quito la distancia,
con la brisa de su aliento.
Como si fuera un ramo de primaveras nuevas,
como si ella fuera el viento,
culpable eres nuevamente,
por este amanecer que perece en mi ojos.
Si la vieras con mis ojos verías donde se recoge
y sueña el sol,
verías al mar llorar en silencio,
la angustia de sus propias olas,
y entenderías porque llora también mi piel.
Si la vieras con mis ojos,
si pudieras sentir su cercanía,
si presintieras el abismo,
que duerme en sus hombros.
Si la vieras,
cuando duerme,
en su reposo que hago mío,
bordo el roció de cada mañana
en las pausas de su boca
y la beso, sin besarla,
y la acaricio, sin tocarla,
y la amo, si,
la amo,
sin más razones que ella,
en este y en los sucesivos días,
si la vieras con mis ojos,
y si tú me vieras cuando te miro dormida.