CDAB
Poeta recién llegado
Si lloro será en vano ya que tú lejos te paseas en tu áurea de colores divinos y hermosos,
partiste tan lejos que ni siquiera tu ausencia puede sentirse deambulando por aquí,
no quiero terminar de alejarme de ti aunque tú hayas echado tu rumbo a lo remoto,
lograste ser tanto que ni siquiera me atrevo a terminar mis frases sin decir tu nombre.
Me equivoqué al decirte que te quería, me equivoqué al no decírtelo tan seguidamente,
hoy las olas van borrando las huellas de tus pies dejadas en ese espacio destinado a ti,
a veces creemos cosas que no vemos, a veces creemos en cosas que realmente vemos,
pero yo no creí en ninguna de las cosas, y me dejé llevar por el instinto de sobrevivir,
mientras tú, lejos, escuchabas los latidos de mi corazón contrito marchitándose de más,
cauterizando sus propias heridas con otras, por aquellas ignorantes miradas tuyas,
esas palabras, esas que nunca dijiste, esas fueron las que me hirieron hasta el alma,
esas palabras que alguna vez yo no dije, y que el viento me las trajo con tu voz muda.
Yo te dije que tuvimos algo, algo tan maravilloso como lo celeste en lo mortal y terrenal
pero tú me dijiste que no, que lo nuestro fue una chispa tan pequeña que no podía verse,
a veces somos así, somos aire, somos chispas, y hasta que nos damos cuenta vagamos,
por las aguas de algún riachuelo mal utilizado que nos deja ese sabor agrio de la muerte.
Y si, tienes toda la razón, no fuimos nada, ni siquiera esa magia que describí en el ayer,
fuimos más que un beso, pero mucho menos que el amor, ya que tuviste esa tu dejadez,
esa que me hundió hasta lo profundo de este maldito pozo que me atrapa en su boca,
y cada día es un suplicio tan extremo que me doy por vencido y voy subiendo al revés.
Fundí el oro para hacerte brazaletes, parafraseando tanto que mi boca quemaba de frases
no te nubles todavía mente, que mis neuronas van deshaciéndose al pensar en esa ella,
tus palabras, esas que nunca dijiste, fueron como estocadas cargadas de arremetidas,
mientras mi carne se rasgaba, con la sangre mía llenando el vacío que abriste en mí.
Te habré dicho muchas cosas, pero pocas a la misma vez, no fue suficiente para ti,
yo fui ese papel arrugado en la cita que tuvimos, ese mal doblado, y tan olvidado,
ni siquiera sé donde estoy porque fuiste tú la que me trajo a donde yo hoy mismo estoy,
y caí hasta lo profundo de este corazón, amarrado a la realidad profana de ser un pobre insensato…::
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partiste tan lejos que ni siquiera tu ausencia puede sentirse deambulando por aquí,
no quiero terminar de alejarme de ti aunque tú hayas echado tu rumbo a lo remoto,
lograste ser tanto que ni siquiera me atrevo a terminar mis frases sin decir tu nombre.
Me equivoqué al decirte que te quería, me equivoqué al no decírtelo tan seguidamente,
hoy las olas van borrando las huellas de tus pies dejadas en ese espacio destinado a ti,
a veces creemos cosas que no vemos, a veces creemos en cosas que realmente vemos,
pero yo no creí en ninguna de las cosas, y me dejé llevar por el instinto de sobrevivir,
mientras tú, lejos, escuchabas los latidos de mi corazón contrito marchitándose de más,
cauterizando sus propias heridas con otras, por aquellas ignorantes miradas tuyas,
esas palabras, esas que nunca dijiste, esas fueron las que me hirieron hasta el alma,
esas palabras que alguna vez yo no dije, y que el viento me las trajo con tu voz muda.
Yo te dije que tuvimos algo, algo tan maravilloso como lo celeste en lo mortal y terrenal
pero tú me dijiste que no, que lo nuestro fue una chispa tan pequeña que no podía verse,
a veces somos así, somos aire, somos chispas, y hasta que nos damos cuenta vagamos,
por las aguas de algún riachuelo mal utilizado que nos deja ese sabor agrio de la muerte.
Y si, tienes toda la razón, no fuimos nada, ni siquiera esa magia que describí en el ayer,
fuimos más que un beso, pero mucho menos que el amor, ya que tuviste esa tu dejadez,
esa que me hundió hasta lo profundo de este maldito pozo que me atrapa en su boca,
y cada día es un suplicio tan extremo que me doy por vencido y voy subiendo al revés.
Fundí el oro para hacerte brazaletes, parafraseando tanto que mi boca quemaba de frases
no te nubles todavía mente, que mis neuronas van deshaciéndose al pensar en esa ella,
tus palabras, esas que nunca dijiste, fueron como estocadas cargadas de arremetidas,
mientras mi carne se rasgaba, con la sangre mía llenando el vacío que abriste en mí.
Te habré dicho muchas cosas, pero pocas a la misma vez, no fue suficiente para ti,
yo fui ese papel arrugado en la cita que tuvimos, ese mal doblado, y tan olvidado,
ni siquiera sé donde estoy porque fuiste tú la que me trajo a donde yo hoy mismo estoy,
y caí hasta lo profundo de este corazón, amarrado a la realidad profana de ser un pobre insensato…::
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