chifi70
Poeta recién llegado
Acaso es la sal de mis lágrimas
el sazón que coció mi orgullo,
y dió a mis errabundas rimas
el sabor de un flébil murmullo.
Quisiera fuese esto inevitable
al matar la duda que me inquieta,
y hacer mi sentimiento narrable
en éstos versos tristes de poeta.
Ayer herí tus manos tan divinas
y oí brotar un ¡Ay! de tu boca,
cuando el garfio de mis espinas
pinchó esa yema que me toca.
Solo sé traer ratos de tristeza
con este tacto de limo, de lodo,
que mancha y oscurece la pureza
y la diafanidad del agua en todo.
Perdona si en ti causé algún daño
con éste tonto proceder egoísta,
y si tus ojos almendrados empaño
alejándose tu imagen de mi vista.
Solo sabe el dolor que me causa
el ser la causa de tu gran dolor,
y si Dios me permitiese una pausa
haría mi religión tu bendito amor.
¡Oh!,dame tu perdón cándida paloma,
y presto seré una blanca azucena
que impregne tu alcoba de su aroma
y alivie la tristeza de esta pena.
Seré un ave que vuele a tu balcón
y lleve su canto en las mañanas
haciendo un cálido nido tu corazón
donde al amor empollaré con ganas.
Sí, y surgirán las ausentes notas
desde los sotos más escondidos,
y brotarán todas mis voces ignotas
en cantos que arrullarán tus oídos.
Héctor Navarro Arzate
14 de octubre de 1993
el sazón que coció mi orgullo,
y dió a mis errabundas rimas
el sabor de un flébil murmullo.
Quisiera fuese esto inevitable
al matar la duda que me inquieta,
y hacer mi sentimiento narrable
en éstos versos tristes de poeta.
Ayer herí tus manos tan divinas
y oí brotar un ¡Ay! de tu boca,
cuando el garfio de mis espinas
pinchó esa yema que me toca.
Solo sé traer ratos de tristeza
con este tacto de limo, de lodo,
que mancha y oscurece la pureza
y la diafanidad del agua en todo.
Perdona si en ti causé algún daño
con éste tonto proceder egoísta,
y si tus ojos almendrados empaño
alejándose tu imagen de mi vista.
Solo sabe el dolor que me causa
el ser la causa de tu gran dolor,
y si Dios me permitiese una pausa
haría mi religión tu bendito amor.
¡Oh!,dame tu perdón cándida paloma,
y presto seré una blanca azucena
que impregne tu alcoba de su aroma
y alivie la tristeza de esta pena.
Seré un ave que vuele a tu balcón
y lleve su canto en las mañanas
haciendo un cálido nido tu corazón
donde al amor empollaré con ganas.
Sí, y surgirán las ausentes notas
desde los sotos más escondidos,
y brotarán todas mis voces ignotas
en cantos que arrullarán tus oídos.
Héctor Navarro Arzate
14 de octubre de 1993