Flavio Hugo Ruvalcaba
Poeta adicto al portal
Contigo es imposible que la noche exista.
Si milagroso el día se enhebra en mil candelas
que descubren un árbol transparente
por donde reptan los mangos del color,
la salamandra múltiple
y la escalera helicoidal de las auroras;
si milagroso el día desprende los átomos calientes,
las fragancias que turban a los ojos,
las orquídeas de nubes y crepúsculos
hasta pulir un pedernal de sombras
como un péndulo;
si milagroso el día se levanta amarillento de su tumba
y viene hacia nosotros desparramando el trigo;
si milagroso el día nos canta a cada instante
en los talleres o en los blancos jardines
o mientras desandamos por las calles
la partitura cenital de los almendros;
si milagroso llega como reloj de pulpo vivo
a cada objeto,
iluminándolo con nombre y una forma,
contigo no es posible que sea negra la noche.
Y una noche con luz todo será,
menos la noche.
Tú tienes, mujer, más claridad que las estrellas,
alumbras como antorcha encallada en petróleo,
ardes como un pecado irredimible,
y el Sol se esconde ante tu brillantez,
encandilado.
Mujer incandescente, luna en el agua,
mujer de mis insomnios anclados a un farol:
tú haces que las noches no existan para mí.
Si milagroso el día se enhebra en mil candelas
que descubren un árbol transparente
por donde reptan los mangos del color,
la salamandra múltiple
y la escalera helicoidal de las auroras;
si milagroso el día desprende los átomos calientes,
las fragancias que turban a los ojos,
las orquídeas de nubes y crepúsculos
hasta pulir un pedernal de sombras
como un péndulo;
si milagroso el día se levanta amarillento de su tumba
y viene hacia nosotros desparramando el trigo;
si milagroso el día nos canta a cada instante
en los talleres o en los blancos jardines
o mientras desandamos por las calles
la partitura cenital de los almendros;
si milagroso llega como reloj de pulpo vivo
a cada objeto,
iluminándolo con nombre y una forma,
contigo no es posible que sea negra la noche.
Y una noche con luz todo será,
menos la noche.
Tú tienes, mujer, más claridad que las estrellas,
alumbras como antorcha encallada en petróleo,
ardes como un pecado irredimible,
y el Sol se esconde ante tu brillantez,
encandilado.
Mujer incandescente, luna en el agua,
mujer de mis insomnios anclados a un farol:
tú haces que las noches no existan para mí.
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