Un gran matemático conocido mío tiene una especie de «metalema»: «definiciones claras y enunciados precisos dan pruebas sencillas».
Creo que metamorfoseando un poco este metalema se obtiene una primera respuesta a lo que planteas, en la forma de una pregunta: ¿por qué llamar soneto a lo que, según la definición admitida durante tantos siglos, no lo es?
Recientemente en un comentario he planteado que, quizás, la taxonomía de las formas poéticas necesite un Linneo, que discuta criterios de parentesco para agrupar a las formas en «géneros», distinguiendo en cada género diversas especies. Por ejemplo si el género soneto fuera definido como «poema formado por dos estrofas de cuatro versos y dos de tres, los cuartetos con rimas ABBA ABBA y los tercetos con rima CDE CDE», muchos sonetos de nuestro siglo de oro estarían incluidos, pero otros muchos no, por ejemplo los que riman sus tercetos «CDC DCD». Y, curiosamente, tu silva de consonantes resultaría ser un «soneto». Según este criterio, y suponiendo que hiciéramos en mi definición las necesarias salvedades respecto de las rimas, surgirían los subgéneros «Sonetus endecasylabus», «Sonetos alejandrinus», «Sonetus sylvus» atendiendo a la métrica, y seguramente algunas especies si precisáramos además las variantes en la rima. Ya en la época de Dante existió el «soneto doble», que solo tiene catorce versos si los quebrados heptasílabos no se cuentan...
¿Tiene sentido, desde el punto de vista epistemológico, este esfuerzo taxonómico? Creo que hay algunas discusiones interesantes, por ejemplo si el parentesco que establece una estructura semejante de rimas es más fuerte que el que establece una misma métrica, como lo sugiere la denominación habitual del «soneto alejandrino» (y muchas otras: «romance heroico»,...».
A mi criterio, sin embargo, sería preferible evitar esta Babel de denominaciones, rechazando la tendencia a nombrar soneto a los poemas que fuerzan las estructuras habituales, es decir adoptar una definición restringida que abarque, por ejemplo, los sonetos de Petrarca y del siglo XVII, admitir algunas extensiones cuya vigencia sería difícil de combatir, como la del soneto alejandrino, y nada más. Que lo que «brota del alma» se llame poema, no soneto (una definicón de este estilo es la que da José Domínguez Caparrós en su «Diccionario de métrica española»).
No comparto esto de que el ritmo brota del alma, creo que la composición en formas definidas exige mucho de razón además de sentimiento, y creo que de esta combinación de razón y sentimiento nace la buena poesía, aún la de verso libre (en realidad sospecho, por comentarios tuyos que he leído, que estarás de acuerdo en esto que digo).
Bueno, creo que dejaré el guante en el piso para que el debate siga, jajaja.
abrazo
Jorge
Apreciado Jorge:
Te doy las gracias por tu comentario con motivo de mi "poema". Es de agradecer, además, porque abre el diálogo poético más allá de las respuestas con mensajes manidos como "precioso" o "me gusta mucho", etc., tan florecientes y corteses como inútiles para el necesario intercambio de opiniones y pareceres con el consiguiente enriquecimiento mutuo de los intervinientes en los foros de poesía.
Comprendo bien máximas como la que me indicas, por mi condición de catedrático de matemáticas. En tu respuesta veo que hablas fundamentalmente de dos cosas colaterales a mi propuesta: una el importante tema del ritmo en poesía, y la otra, la nomenclatura del soneto, tema éste último de menor interés por su limitado alcance.
En cuanto a la cuestión de los nombres, comenzaré diciendo que no conozco a nadie que rechace la terminología de "soneto clásico" español, cuando se habla del escrito por Boscán, Garcilaso, o por Góngora o Quevedo, lo que evidencia la admisión implícita hoy de la existencia de otros "sonetos" no clásicos. Y es que no se puede poner puertas al campo de la creación poética. No podemos obviar la obra de otros grandes poetas posteriores al momento de la génesis de la estructura del soneto y que "atentaron" (para gloria y riqueza del propio soneto y de la poesía en general) contra ella. Estoy pensando, como ejemplo, en el Modernismo.
El soneto (clásico) es de tal fortaleza en su complejo andamiaje, que aun alterándole algún o algunos de sus atributos o propiedades, su edificio es
reconocible. Es en este caso y sólo en éste cuando podemos referirnos al nuevo producto como "soneto" con el apelativo adecuado a efectos de su identificación. Cuando hablamos, por ejemplo, del poema "Caupolicán", de R. Darío, ¿cómo nos referimos a él respetando, por supuesto, la noción genuina de soneto, pero mostrando a su vez sus intensas similitudes? O del mismo modo y abundando en ello, ¿cómo referirnos al "Madrigal de madrigales" de M. Machado? Si no nos hubiéramos movido del Siglo de Oro, bastaría llamar "soneto" (sin adjetivo) a cualquiera de los escritos por los grandes autores de ese periodo. La cuestión está claro que se resulve aplicando el apelativo correspondiente. Así, decimos "soneto clásico" al soneto por antonomasia; que el poema "Caupolicán" es un "soneto alejandrino", y que el "Madrigal de madrigales" es un "soneto polimétrico", por continuar con los ejemplos citados. Están ahí y a lo largo del tiempo los apelativos aplicados al soneto, como "inglés", "asonante", "agudo", "continuo", "invertido", "sonetilo", "con cola", "estrambote", "eco", y un largo etcétera. ¿Atenta esta nomenclatura contra las esencias del soneto genuino? En mi criterio, de ningún modo. De manera que reclamar el nombre del "soneto" en exclusiva para el clásico (obviando el resto de las creaciones "afines", negándole el origen de su esencia estructural), es excesivamente rigorista, de honda inmovilidad respecto a la creación poética y, por añadidura, poco práctico.
Mi propuesta de poema "Si no has de serle fiel..." podría resumirse así: "Si no vas a respetar el entramado clásico del soneto, y la forma y demás elementos de su estructura ahogan tu poema, apártate de él (de la estructura de soneto), recházalo (como vehículo expresivo), y deja que tu composición vuele libre de ataduras". Es, por tanto, una defensa tanto del soneto como del poema libre. Nada tiene que ver con la cuestión de la nomenclatura relativa a aquél. Por cierto, mi poema no es una silva, como dices. La silva, como sabrás, es otra cosa. Bueno o malo, es un soneto polimétrico y así se reconocería hoy en cualquier referencia o manual "poético".
En cuanto al tema del ritmo, su aclaración excede el espacio de un mero comentario. Pero quiero al menos expresar que el ritmo va más allá de los que se integran en la estrofa, como los de cantidad (número de sílabas), de intensidad (acentos estrófico y rítmico), de timbre (rima) o de tono (pausas, encabalgamientos). Están también, y de forma predominabte en la poesía actual -decantada abiertamente por la poesía libre- el ritmo
sintáctico (combinando versos canónicos con versículos), el ritmo
de pensamiento (con repeticiones de palabras claves y estructuras oracionales, a veces con un sentido cíclico), el ritmo
interior (o ritmo personal, ritmo trasmitido a través de conexiones sintánticas) y el ritmo
de imágenes libres (con yuxtaposición de imágenes y metáforas sin enlaces sintácticos).
En mi soneto polimétrico, cuando escribo "ritmo verdadero" quiero expresar el genuino ritmo personal, de pensamiento, más acendrado e íntimo en la mente del poeta que el que la estrofa induce o procura.
Un afectuoso saludo.
Felipe.