lluviadeabril
lluvia & rain
Compañera de la noche, triste lagrima de ayer
buscas donde hay solo frió, piel que cobije tu piel,
buscas donde no hay mañana quien te salve del ayer.
Caminas por habilidad de hacerlo mas no sabes el porque.
A veces te escondes y callas por temor al perro cruel, a
ese que te habla con golpes, pretendiendo ser tu miel.
Compañera de la noche, de triste fuego nunca encendido,
buscas en tus más adentros ese fósforo perdido, luz
que brinde dulce asilo y que de adentro hacia afuera
desaparezca tu frió.
¿Quien te librara del tío?
Señorita de la noche, lo eres tú a los diez-y-seis,
pues a ti no te preguntaron ni como, donde, ni cuando
tu inocencia habrías de perder, de tu piel la deshojaron,
la arrancaron sin merced.
Derramaron primera sangre, volvieron la miel a hiel.
Pequeñita de la noche, ¿Adonde vas a correr?
Los rincones tienen guardia que te retornan al el.
Recurriste a los de azul, mas no escucharon tus ruegos,
desentendidos se hicieron a tu grito de niña bien.
Anteayer te preguntaron que en cuanto vendes tu piel.
En el témpano de la mañana te llevaron con el juez.
Te acusan de vender dones que no comienzan en con,
también de disfrazarlos de tu, ya ausente, virtud.
Que claro que te ha quedado: Juez no es por defender.
Hoy lloras desconsolada, tampoco supo entender que
de ti nada se vende, que nada vendes de ti, pues mendigabas
limosna [no para sobrevivir] del infierno querías salir.
Te han juzgado y te condenan a la cárcel sin sentir
el dolor que es solo tuyo y nadie quiere compartir, pues
desnuda estas sin decencia y sin ganas de vivir.
¿Quien hablaba de porvenir?
Pequeñita de la noche –es que no hay necesidad –si no hubiese
compradores, ¿quien, la fruta, iría a comprar?
¿Quien la habría de magullar?
¡Después te acusan a golpes de
ofrecerla en la oscuridad y venderla podrida ya!
buscas donde hay solo frió, piel que cobije tu piel,
buscas donde no hay mañana quien te salve del ayer.
Caminas por habilidad de hacerlo mas no sabes el porque.
A veces te escondes y callas por temor al perro cruel, a
ese que te habla con golpes, pretendiendo ser tu miel.
Compañera de la noche, de triste fuego nunca encendido,
buscas en tus más adentros ese fósforo perdido, luz
que brinde dulce asilo y que de adentro hacia afuera
desaparezca tu frió.
¿Quien te librara del tío?
Señorita de la noche, lo eres tú a los diez-y-seis,
pues a ti no te preguntaron ni como, donde, ni cuando
tu inocencia habrías de perder, de tu piel la deshojaron,
la arrancaron sin merced.
Derramaron primera sangre, volvieron la miel a hiel.
Pequeñita de la noche, ¿Adonde vas a correr?
Los rincones tienen guardia que te retornan al el.
Recurriste a los de azul, mas no escucharon tus ruegos,
desentendidos se hicieron a tu grito de niña bien.
Anteayer te preguntaron que en cuanto vendes tu piel.
En el témpano de la mañana te llevaron con el juez.
Te acusan de vender dones que no comienzan en con,
también de disfrazarlos de tu, ya ausente, virtud.
Que claro que te ha quedado: Juez no es por defender.
Hoy lloras desconsolada, tampoco supo entender que
de ti nada se vende, que nada vendes de ti, pues mendigabas
limosna [no para sobrevivir] del infierno querías salir.
Te han juzgado y te condenan a la cárcel sin sentir
el dolor que es solo tuyo y nadie quiere compartir, pues
desnuda estas sin decencia y sin ganas de vivir.
¿Quien hablaba de porvenir?
Pequeñita de la noche –es que no hay necesidad –si no hubiese
compradores, ¿quien, la fruta, iría a comprar?
¿Quien la habría de magullar?
¡Después te acusan a golpes de
ofrecerla en la oscuridad y venderla podrida ya!
© scg, todos los derechos reservados.
Última edición: