Si no se aborta y queda trunca

ropittella

Poeta veterana en el Portal
Es que vos no entendés, no entendés, ni mucho menos comprendés lo que me pasa,
vos estás espiando detrás de tu pantalla mi pantalla, y no ves mi tratamiento.
Estoy en tratamiento sí, soy mi propia psiquiatra, aquí, en casa,
me descubro en las sombras, me llevo a tocar fondo, no me miento
saco a luz mis más ocultas miserias para mirarlas, porque cumplo cincuenta años mañana
y nunca había visto este lado de la luna, el oscuro, ese malvado y tétrico, el que no se culpa por decir: hoy no hago nada,
no le sonrío a nadie ¡basta! se murió la nena obligada a ser siempre buenita que era Rosanna.
Y me quedo encerrada escribiendo y juego los jueguitos boludos de la computadora, sí, alucinada.
Aunque afuera me reclame una inundación, si quiero puedo intentar durante horas mirar a una rana.
Aunque se hayan muerto doscientos, y los chicos de al lado no dejen de llorar porque el padre les pega
y la madre los insulta, aunque me muera por ir a exponerme, como tantas veces, a ponerle el cuerpo a la violencia, y llegar a decir con la peor de las indiferencias ¡Qué me ne frega!
Porque tengo que aprender que no soy omnipotente,
que no voy a cambiar yo sola este mundo de mierda con mi sol en Marte,
con mi sol guerrero ariano siempre, pero siempre a disposición de los otros,
de los hijos, de los abuelos, de los amigos, los hermanos, de las parejas, de los padres
y los vecinos, de los tuyos los míos y los nuestros.
Esta vez la guerra es mía y me duele toda la carne puesta en el asador de mis propios infiernos.
Veré que queda de los extremos, pero más tarde, cuando intente regresar
y llegue al medio de este puente, adonde por cierto, vos no estarás esperándome,
porque yo no quiero, porque a pesar de todo, la intuición no me falló esta vez
y te escribí clarito diciéndote que no te prefiero, que no sopotaría tu cobardía, ni tu timidez
ahora sé que la timidez es mínima, prima la cobardía,
de la que me salvé ¡me salvé! y estoy viva, aunque hace tres días que no me baño,
y mi hogar parece un chiquero, y me fumo tres atados de cigarrillos, casi, por día.
A nadie culparé sin embargo; seguiré retorciéndome sola, a otros no haré daño,
y lloro y me río y me abandono a esta suerte de calvario,
cada quien se hace sufrir lo que le da el cuero,
ya ni a mí misma obedeceré sin previo cuestionario,
aunque deba torturarme, para esta locura no hay fuero,
si las respuestas me dejan ver que debo arrancarme los ojos,
para no ser causa de oprobio a mi alma, me quedaré más ciega que nunca,
me bastarán los oídos para la música que sé que adoro, y las manos para abrir nuevamente los cerrojos...
Debería ser la semana próxima, pero el deber ser ya no me adula, así que será cuando sienta
que parí mi propia cordura, si no se aborta y queda trunca.

 
Sinceramente querida amiga unas letras con una realidad
sentida y con profundidad en ellas, interesante de principio
a fin. Te felicito por tu gran trabajo lleno de sentimientos
que llegan para el disfrute de su lectura.
Ha sido un placer poder pasar a dejar mi comentario
en tu espacio.
Besos y un abrazo. Tere

¡Muchas, pero muchas Gracias lleguen a tu vida! Abrabesos en tu corazón
 
Es que vos no entendés, no entendés, ni mucho menos comprendés lo que me pasa,
vos estás espiando detrás de tu pantalla mi pantalla, y no ves mi tratamiento.
Estoy en tratamiento sí, soy mi propia psiquiatra, aquí, en casa,
me descubro en las sombras, me llevo a tocar fondo, no me miento
saco a luz mis más ocultas miserias para mirarlas, porque cumplo cincuenta años mañana
y nunca había visto este lado de la luna, el oscuro, ese malvado y tétrico, el que no se culpa por decir: hoy no hago nada,
no le sonrío a nadie ¡basta! se murió la nena obligada a ser siempre buenita que era Rosanna.
Y me quedo encerrada escribiendo y juego los jueguitos boludos de la computadora, sí, alucinada.
Aunque afuera me reclame una inundación, si quiero puedo intentar durante horas mirar a una rana.
Aunque se hayan muerto doscientos, y los chicos de al lado no dejen de llorar porque el padre les pega
y la madre los insulta, aunque me muera por ir a exponerme, como tantas veces, a ponerle el cuerpo a la violencia, y llegar a decir con la peor de las indiferencias ¡Qué me ne frega!
Porque tengo que aprender que no soy omnipotente,
que no voy a cambiar yo sola este mundo de mierda con mi sol en Marte,
con mi sol guerrero ariano siempre, pero siempre a disposición de los otros,
de los hijos, de los abuelos, de los amigos, los hermanos, de las parejas, de los padres
y los vecinos, de los tuyos los míos y los nuestros.
Esta vez la guerra es mía y me duele toda la carne puesta en el asador de mis propios infiernos.
Veré que queda de los extremos, pero más tarde, cuando intente regresar
y llegue al medio de este puente, adonde por cierto, vos no estarás esperándome,
porque yo no quiero, porque a pesar de todo, la intuición no me falló esta vez
y te escribí clarito diciéndote que no te prefiero, que no sopotaría tu cobardía, ni tu timidez
ahora sé que la timidez es mínima, prima la cobardía,
de la que me salvé ¡me salvé! y estoy viva, aunque hace tres días que no me baño,
y mi hogar parece un chiquero, y me fumo tres atados de cigarrillos, casi, por día.
A
nadie culparé sin embargo; seguiré retorciéndome sola, a otros no haré daño,
y lloro y me río y me abandono a esta suerte de calvario,
cada quien se hace sufrir lo que le da el cuero,
ya ni a mí misma obedeceré sin previo cuestionario,
aunque deba torturarme, para esta locura no hay fuero,
si las respuestas me dejan ver que debo arrancarme los ojos,
para no ser causa de oprobio a mi alma, me quedaré más ciega que nunca,
me bastarán los oídos para la música que sé que adoro, y las manos para abrir nuevamente los cerrojos...
D
ebería ser la semana próxima, pero el deber ser ya no me adula, así que será cuando sienta
que parí mi propia cordura, si no se aborta y queda trunca.

Estoy impresionada con este relato, es de una fuerza y una angustia contenidas. Sale de la entraña nonata...
Fantástico el léxico, cercano , directo, conmueve la mezcla de expresiones.
Un verdadero placer darle un poco más de vida.

Abrazos y muchas felicidades

Palmira
 
La cordura de uno es la locura de muchos, amiga, en este triste mundo donde la razón se suicidó hace rato.

Un abrazo.
 

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