Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
SI SUPIERA ESCRIBIR...
Eduardo Morguenstern
Si supiera escribir, mujer, diría
que eres sin duda alguna lo más bello,
tan puro, fresco y suave como el sello
de las brisas en el temprano día.
Si pudiera, mujer, en la poesía
plasmar todo el caudal de sentimientos
que me inspiras en todos los momentos
en que en recuerdos te evoco cada día…
...podría, por ejemplo, tu sonrisa
con palabras plasmar en un dibujo,
que la retraten fiel y a todo lujo,
no como un dibujante que improvisa.
Ya que es esa sonrisa inigualable,
traviesa, simplemente encantadora,
hermosa, juvenil y seductora,
que produce un encanto inevitable.
Perdóname mujer esta torpeza
que hallar justas palabras me prohíbe
es tal mi admiración que me cohibe,
para hacerte justicia con fineza.
Que por ello mi canto minimiza
tus glorias, tus encantos, tus virtudes,
y solamente inexactitudes
escribe hoy mi pluma que agoniza
y por ello te ruego, sé paciente,
y al menos me lo digas con un guiño
que entiendes que se debe a mi cariño
y que tal falta de vena no te ahuyente...
Si supiera escribir, mujer, diría
que eres mi esmeralda de esperanza,
el misterio que se busca con pujanza
y que en poder conquistarlo se confía.
Como aquel sol que cubre en el poniente
con tibios claroscuros la montaña,
cúbrame tu favor, porque me daña
que pueda resultarte indiferente.
Y si al leer hasta aquí no me descartas,
pintaré, ángel de luz, todas tus galas,
hasta entonces, mujer, pliega tus alas,
quédate aún, queda y no partas...
Eduardo Morguenstern
Si supiera escribir, mujer, diría
que eres sin duda alguna lo más bello,
tan puro, fresco y suave como el sello
de las brisas en el temprano día.
Si pudiera, mujer, en la poesía
plasmar todo el caudal de sentimientos
que me inspiras en todos los momentos
en que en recuerdos te evoco cada día…
...podría, por ejemplo, tu sonrisa
con palabras plasmar en un dibujo,
que la retraten fiel y a todo lujo,
no como un dibujante que improvisa.
Ya que es esa sonrisa inigualable,
traviesa, simplemente encantadora,
hermosa, juvenil y seductora,
que produce un encanto inevitable.
Perdóname mujer esta torpeza
que hallar justas palabras me prohíbe
es tal mi admiración que me cohibe,
para hacerte justicia con fineza.
Que por ello mi canto minimiza
tus glorias, tus encantos, tus virtudes,
y solamente inexactitudes
escribe hoy mi pluma que agoniza
y por ello te ruego, sé paciente,
y al menos me lo digas con un guiño
que entiendes que se debe a mi cariño
y que tal falta de vena no te ahuyente...
Si supiera escribir, mujer, diría
que eres mi esmeralda de esperanza,
el misterio que se busca con pujanza
y que en poder conquistarlo se confía.
Como aquel sol que cubre en el poniente
con tibios claroscuros la montaña,
cúbrame tu favor, porque me daña
que pueda resultarte indiferente.
Y si al leer hasta aquí no me descartas,
pintaré, ángel de luz, todas tus galas,
hasta entonces, mujer, pliega tus alas,
quédate aún, queda y no partas...