Gino C.
Gino Cárdenas servirdor del romanticismo
Si supieras amada mía
Como mi corazón te adora;
Esto que me mata,
la pasión que por ti abrigo;
Mi mujer encantadora,
no fueras tan cruel conmigo.
La esencia de mi alma
con tu desdén ha volado
fugaz y triste la calma,
y que te amo más mil veces,
que los pájaros del prado
y que peces de los mares;
tal vez entonces, hermosa,
oyeras el triste acento
de mi melodía amorosa;
y atendiendo a mi reclamo,
mitigaras mi tormento
con un beso y un "yo te amo".
Si supieras, dulce dueña,
que tú eres parte de mi alma
única en mis sueños
y que al mirar tus enojos,
la ruda melancolía
baña en lágrimas mis ojos;
tal vez entonces me amaras,
y con tus labios de niña
mis labios secos besaras;
y cariñosa y sonriente
a mi constante cariño
no fueras indiferente
Y este amor que de ambos atiende
Sea al fin algo sobresaliente.
Como mi corazón te adora;
Esto que me mata,
la pasión que por ti abrigo;
Mi mujer encantadora,
no fueras tan cruel conmigo.
La esencia de mi alma
con tu desdén ha volado
fugaz y triste la calma,
y que te amo más mil veces,
que los pájaros del prado
y que peces de los mares;
tal vez entonces, hermosa,
oyeras el triste acento
de mi melodía amorosa;
y atendiendo a mi reclamo,
mitigaras mi tormento
con un beso y un "yo te amo".
Si supieras, dulce dueña,
que tú eres parte de mi alma
única en mis sueños
y que al mirar tus enojos,
la ruda melancolía
baña en lágrimas mis ojos;
tal vez entonces me amaras,
y con tus labios de niña
mis labios secos besaras;
y cariñosa y sonriente
a mi constante cariño
no fueras indiferente
Y este amor que de ambos atiende
Sea al fin algo sobresaliente.
Última edición: