nadelo
Poeta recién llegado
Si supieras, mi Amor, que en el cielo
las estrellas esta noche parecen ser
impestañables guardianes de mi desvelo
y los eternos rehenes de cómplice luna;
o tan sencillamente puede ser,
que esten dibujadas una por una
en firmamento vidrioso, mi ventana.
Si supieras, mi Amor, que mis ojos,
creyéndose del tercer día los resucitados,
se han empotrado a toda fuerza en el techo,
intentando perforar hacia el cielo un atajo;
dejando mi cuerpo: abandonado en el lecho,
petrificarse de a pocos, desmoronarse al antojo
de tu erosión salina desparramado en mi pecho.
Si supieras, mi Amor, que hoy el silencio
ha pretendido esconderse en mi bolsillo,
y el perfume de tu piel y agitado respiro,
que fuera del equipaje fueron olvidados,
están jugando ahora con mis ojos cerrados.
Si supieras, mi Amor, que en la habitación
mis labios son reactores que movimiento avivan
y, violando el copyright de aquella canción,
también son gesto, voz y brazos que la recitan.
Si supieras, mi Amor, que en el cuarto
el tiempo tiene la barba de afilado dardo,
que atraviesa sin piedad mi laringe
cada vez que mi voz en cuello se rinde
y despacio te dice: Amor, te extraño tanto.
Si supieras, mi Amor
Si supieras amar
quizá no te habrías marchado
quizá hubieras esperado,
que última florecilla del prado
se haya marchitado.
Si supieras, mi Amor
Si supieras amar
mas como resto del fruto sagrado,
que alguien despues de haber pecado
con disimulo al paso ha desechado,
asi tu calzado luego me ha dejado,
sin eden, en tierra de ayer, sepultado.