la ciudad tiene costillas
en las que no me conocen
pero me aceptan
y ahí prefiero tragar estática cortada
antes que el cotidiano coctel de tedio y dos átomos de oxígeno
y que me rompan los dientes por mosquetero honor
en vez de andar parapetado en abogados
y encontrar guitarras eléctricas
con el pasado tatuado en la cintura
a las que pago para me extrañen
y mientan a quemarropa
mientras las ensarto con el asta de los días perdidos.
la ciudad tiene axilas
en que no vale tu militancia futbolística
donde tu idioma es el accidente de siempre
y a crédito no compras amigos
ni margaritas que se presten a las dudas
ni domesticas divanes
ni me arrancas una sonrisa
virgen de levadura y sarcasmo.
la ciudad y yo tenemos ojeras
que nos recuerdan que ayer estuvimos vivos
y en los bolsillos traemos monedas ateas a la suerte
recibos de horas que acabamos orinando
condones que no supieron del amor eterno
números de teléfonos a los que no diremos te extraño
estrellas y otras mentiras que duelen en años luz
pero que resistimos porque alguien nos dijo
que ya crecimos.
así que si mi ciudad te asusta
vete a tus postales de navidad
a tu rosario rentable
a tu cruz hipotecada
y a tipos que a diferencia de mi
no la padezcan
la necesiten
ni la tengan por anatomía.
en las que no me conocen
pero me aceptan
y ahí prefiero tragar estática cortada
antes que el cotidiano coctel de tedio y dos átomos de oxígeno
y que me rompan los dientes por mosquetero honor
en vez de andar parapetado en abogados
y encontrar guitarras eléctricas
con el pasado tatuado en la cintura
a las que pago para me extrañen
y mientan a quemarropa
mientras las ensarto con el asta de los días perdidos.
la ciudad tiene axilas
en que no vale tu militancia futbolística
donde tu idioma es el accidente de siempre
y a crédito no compras amigos
ni margaritas que se presten a las dudas
ni domesticas divanes
ni me arrancas una sonrisa
virgen de levadura y sarcasmo.
la ciudad y yo tenemos ojeras
que nos recuerdan que ayer estuvimos vivos
y en los bolsillos traemos monedas ateas a la suerte
recibos de horas que acabamos orinando
condones que no supieron del amor eterno
números de teléfonos a los que no diremos te extraño
estrellas y otras mentiras que duelen en años luz
pero que resistimos porque alguien nos dijo
que ya crecimos.
así que si mi ciudad te asusta
vete a tus postales de navidad
a tu rosario rentable
a tu cruz hipotecada
y a tipos que a diferencia de mi
no la padezcan
la necesiten
ni la tengan por anatomía.