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Poeta asiduo al portal
Si vas a marcharte vete lejos,
donde mi abrazo de mañana no pueda
acariciar tus montañas de cielo,
donde el gemido feroz de mi dolor
no pueda devorar tus huellas amargas y tus hojas,
donde no escuche al viento cantar
entre tu pelo de sol de mediodía
y no te extrañe inventándome historias
en las que siempre regresas,
en las que siempre apareces cuando más
te necesito y me dices un te quiero de algodón.
Si te vas a marchar no vuelvas nunca,
no importa si es demasiado grande la palabra
o si alguna vez escuchas a la noche recitando tu nombre,
será sólo un descuido de mi silencio
inquieto por la inmensidad del tiempo,
o la bandera en alto de un recuerdo ahogado
por una legión de olvidos y jinetes negros.
Si vas a marcharte vete ahora,
olvida que mis ojos mirarán con la luz
de mil estrellas muertas y desaparece entre la lluvia,
déjame respirar este aire triste
que inunda de fracaso cada bocanada,
pero al menos es mi aire.
Si vas a marcharte no lo digas,
no necesitas un adiós para enmendarte,
ni a tus lágrimas mordiendo mis manos
con sus mortajas frías,
ni tus pasos suaves inclinando la tarde,
no necesitas tanto para volverte nadie,
allí tienes la puerta, no te sientas cobarde.
donde mi abrazo de mañana no pueda
acariciar tus montañas de cielo,
donde el gemido feroz de mi dolor
no pueda devorar tus huellas amargas y tus hojas,
donde no escuche al viento cantar
entre tu pelo de sol de mediodía
y no te extrañe inventándome historias
en las que siempre regresas,
en las que siempre apareces cuando más
te necesito y me dices un te quiero de algodón.
Si te vas a marchar no vuelvas nunca,
no importa si es demasiado grande la palabra
o si alguna vez escuchas a la noche recitando tu nombre,
será sólo un descuido de mi silencio
inquieto por la inmensidad del tiempo,
o la bandera en alto de un recuerdo ahogado
por una legión de olvidos y jinetes negros.
Si vas a marcharte vete ahora,
olvida que mis ojos mirarán con la luz
de mil estrellas muertas y desaparece entre la lluvia,
déjame respirar este aire triste
que inunda de fracaso cada bocanada,
pero al menos es mi aire.
Si vas a marcharte no lo digas,
no necesitas un adiós para enmendarte,
ni a tus lágrimas mordiendo mis manos
con sus mortajas frías,
ni tus pasos suaves inclinando la tarde,
no necesitas tanto para volverte nadie,
allí tienes la puerta, no te sientas cobarde.