jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
un día por simple casualidad
me encontraré en la calle contigo
llevarás uno de tus vestidos de algodón floreado
el pelo recogido hacia atrás y los labios sin pintar
una pulsera de hilo en la muñeca, sandalias
el celular en una mano y un vaso de café en la otra
el bolso echado al hombro, los ojos maquillados
con ese marrón que tan mal te sienta
te detendrás y me dirás hola y mostrarás automáticamente
el mayor número posible de dientes en una de tus clásicas
fingidas sonrisas de "por si salgo en el facebook"
me preguntarás alegremente qué tal me ha ido
y por un instante reviviré lo jodido que estuve
lo que me dolió todo aquello, las noches, la fiebre
el maldito año que pasé en el infierno, la casi muerte
-las putas pastillas para no sentir, para no ser, para no estar-
me dirás que tienes un trabajo de puta madre
que terminaste la maestría y ganas 15000 al mes
que sigues sola y estás tranquila y no te falta nada
y vives todavía con tus padres y te compraste un carro
me darás un trago de tu café, me mirarás a los ojos
y yo me demoraré contemplando la fealdad de tu cara
las cicatrices en tus arruinadas mejillas
tu nariz desviada, el trazo sin gracia de tus labios
y volveré a preguntarme cómo diablos pude
vivir enamorado 3 años de una mujer tan fea
haber pensado en casarme con ella y tener hijos
y una casa y despertar cada mañana y ver esa cara
y te devolveré tu puto vaso de café tan amargo
y te daré un corto beso y te diré cuídate, nos vemos
y tú me dirás adiós y ojalá que te vaya bien
y nos apartaremos y tú te irás por un lado
y yo me daré prisa en alejarme en sentido contrario
conteniendo a duras penas las tremendas ganas
de salir corriendo