Halloran
Poeta asiduo al portal
SI TÚ TE APIADAS
Cuando llegue la vida y la memoria
y se quede atrás esta aventura
de andar siguiendo huellas marcadas
por quién sabe quién en la arena,
y reciba la palabra absolutoria
y habite ya en la hermosura
y las manos lleve jaspeadas
del amor en traje de faena,
y encuentre café y no achicoria,
y pierda ya por fin la cordura
y las vanas ilusiones infundadas
queden guardando cuarentena,
y cruce esa línea divisoria
que separa lo infinito y la mesura,
y las tarjetas de visita acartonadas
no supongan nunca más una condena,
y practique la frase laudatoria
cuando tenga que hablar de la dulzura
y me cure de las dentelladas
con que el no tú casi me cercena,
y me presente a la convocatoria
de una plaza de experto en miniatura
y me quede con las caricias contadas
y no me falten tres para la docena,
y encuentre al menos una escapatoria
y se dé lo demás por añadidura
y mis calles estén ya adoquinadas
y armemos en ellas la marimorena,
y sea la vida una jaculatoria
vivida en ti y sin la amargura
de las noches vacías ya pasadas
y los días sin pan en la alacena,
y me ría de mí y de mi historia
y me ría de mí y de mi escritura,
y me ría de mí y de mis cagadas
(con perdón por lo grosero de la escena),
entonces, esa puerta giratoria
que siempre expulsa mi dicha futura,
parará y, si tú te apiadas,
el mundo me dará la enhorabuena.
Cuando llegue la vida y la memoria
y se quede atrás esta aventura
de andar siguiendo huellas marcadas
por quién sabe quién en la arena,
y reciba la palabra absolutoria
y habite ya en la hermosura
y las manos lleve jaspeadas
del amor en traje de faena,
y encuentre café y no achicoria,
y pierda ya por fin la cordura
y las vanas ilusiones infundadas
queden guardando cuarentena,
y cruce esa línea divisoria
que separa lo infinito y la mesura,
y las tarjetas de visita acartonadas
no supongan nunca más una condena,
y practique la frase laudatoria
cuando tenga que hablar de la dulzura
y me cure de las dentelladas
con que el no tú casi me cercena,
y me presente a la convocatoria
de una plaza de experto en miniatura
y me quede con las caricias contadas
y no me falten tres para la docena,
y encuentre al menos una escapatoria
y se dé lo demás por añadidura
y mis calles estén ya adoquinadas
y armemos en ellas la marimorena,
y sea la vida una jaculatoria
vivida en ti y sin la amargura
de las noches vacías ya pasadas
y los días sin pan en la alacena,
y me ría de mí y de mi historia
y me ría de mí y de mi escritura,
y me ría de mí y de mis cagadas
(con perdón por lo grosero de la escena),
entonces, esa puerta giratoria
que siempre expulsa mi dicha futura,
parará y, si tú te apiadas,
el mundo me dará la enhorabuena.