Si yo fuera otro; aquel el que tú
más piensas, dirías, harías; pero
no, y aquí, solo, sentado, así,
he llegado a sentir que te estorbo,
mientras espero una palabra
sana que te nazca, no me quejo, pues
si no te nace no la quiero. Poco
a poco puedo ir imaginando todo
lo que puedes y no me das, simple y
sencillamente porque no lo quieres,
porque yo no soy. ¡Qué puedo yo contra
esa razón! Así me quiebro. Mentí
y me estoy quejando, revolcando en
un sillón con las manos en el pecho,
fingiendo decir para fingir que me
escuchas, para taparme la cara con
las manos abiertas, y seguir así
el juego este de que hay solución,
Fracaso por obsceno, por querer y no
poder. Y naturalmente no respondes,
no das, no quieres. Al final siempre
me arrincono, manso, humilde, pensando
en que ya ni te acuerdas.
más piensas, dirías, harías; pero
no, y aquí, solo, sentado, así,
he llegado a sentir que te estorbo,
mientras espero una palabra
sana que te nazca, no me quejo, pues
si no te nace no la quiero. Poco
a poco puedo ir imaginando todo
lo que puedes y no me das, simple y
sencillamente porque no lo quieres,
porque yo no soy. ¡Qué puedo yo contra
esa razón! Así me quiebro. Mentí
y me estoy quejando, revolcando en
un sillón con las manos en el pecho,
fingiendo decir para fingir que me
escuchas, para taparme la cara con
las manos abiertas, y seguir así
el juego este de que hay solución,
Fracaso por obsceno, por querer y no
poder. Y naturalmente no respondes,
no das, no quieres. Al final siempre
me arrincono, manso, humilde, pensando
en que ya ni te acuerdas.