viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
[center:554b399e0b] Tiritas, titilas y rielas en mi distancia.
Como un elegante bajel
en el mar de la lejanía,
que es, en muchas ocasiones
enviudador de amistades
¡tan cruel!
Tus letras siempre tienen sabor,
un gusto fuerte, femenino, especiado.
Quieres condimentar con alma
y se te va la mano con tanta frecuencia,
que se diría que no es error.
Que te rebosa adrede,
con alevosía,
con afán de vaciarte.
Se lanzó una moneda al aire,
con dos caras, (Sin cruz).
Y los dos contemplamos ojiplatos,
como quedó de canto.
En el extraño y fabuloso equilibrio
de una admiración y respeto mutuo.
No te creas que es un halago
el que yo te aprecie.
¡Triste de ti, si confiaras en mi criterio!
Con dificultades soy nadie.
La comunicación tiene tres cuartos
de cuerpo en el lenguaje corporal.
¿Imaginas lo que perdemos?
Bendito Internet, maldita red.
Poder tomar ese mate,
platicar juntos en tu retal
de océano Atlántico.
Unir nuestras manos
jugando al frontón
con nuestras sonrisas.
Dejaré mis pisadas en la playa,
en la arena, que es de todas las playas,
el mar las recogerá,
y las envolverá en una ola.
Ese mar que se funde en muchos nombres,
pero que es el mismo,
con sus huesos pulverizados de sal,
y su carne trémula de azul.
Por tu parte
Acaricia con huellas la arena,
donde el mar muere, o nace,
o las dos cosas a la vez.
Las de los dos se emulsionarán
en el cuerpo incesante,
de la humedad inconmensurable
que nos une completándonos.[/center:554b399e0b]
Querida Ciela, es la devoción a tus palabras las que me enseñan cuan cerca y cuan lejos queda mi destino como autor. A lo mejor ando haciéndote un flaco favor comunicándote lo mucho que aprecio tu estilo. Ya te he dicho que apenas soy nadie, y me refiero principalmente al nivel literario. No tengo estudios, ni una gran memoria, ni tan siquiera un especial respeto por todos los grandes. Pertenezco a una minoría, como las étnicas, pero emocional. Así, que desde esa pobreza feliz, te mando mi alegre riqueza, que es, la del caudal inmenso de sentir.
Como un elegante bajel
en el mar de la lejanía,
que es, en muchas ocasiones
enviudador de amistades
¡tan cruel!
Tus letras siempre tienen sabor,
un gusto fuerte, femenino, especiado.
Quieres condimentar con alma
y se te va la mano con tanta frecuencia,
que se diría que no es error.
Que te rebosa adrede,
con alevosía,
con afán de vaciarte.
Se lanzó una moneda al aire,
con dos caras, (Sin cruz).
Y los dos contemplamos ojiplatos,
como quedó de canto.
En el extraño y fabuloso equilibrio
de una admiración y respeto mutuo.
No te creas que es un halago
el que yo te aprecie.
¡Triste de ti, si confiaras en mi criterio!
Con dificultades soy nadie.
La comunicación tiene tres cuartos
de cuerpo en el lenguaje corporal.
¿Imaginas lo que perdemos?
Bendito Internet, maldita red.
Poder tomar ese mate,
platicar juntos en tu retal
de océano Atlántico.
Unir nuestras manos
jugando al frontón
con nuestras sonrisas.
Dejaré mis pisadas en la playa,
en la arena, que es de todas las playas,
el mar las recogerá,
y las envolverá en una ola.
Ese mar que se funde en muchos nombres,
pero que es el mismo,
con sus huesos pulverizados de sal,
y su carne trémula de azul.
Por tu parte
Acaricia con huellas la arena,
donde el mar muere, o nace,
o las dos cosas a la vez.
Las de los dos se emulsionarán
en el cuerpo incesante,
de la humedad inconmensurable
que nos une completándonos.[/center:554b399e0b]
Querida Ciela, es la devoción a tus palabras las que me enseñan cuan cerca y cuan lejos queda mi destino como autor. A lo mejor ando haciéndote un flaco favor comunicándote lo mucho que aprecio tu estilo. Ya te he dicho que apenas soy nadie, y me refiero principalmente al nivel literario. No tengo estudios, ni una gran memoria, ni tan siquiera un especial respeto por todos los grandes. Pertenezco a una minoría, como las étnicas, pero emocional. Así, que desde esa pobreza feliz, te mando mi alegre riqueza, que es, la del caudal inmenso de sentir.