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Sonriendo...
Si yo tuviese poder milagroso
lavaría tus pisadas en la humedad de mis entrañas
¡la de mujer sagrada! madre, hija, hermana, compañera, madre tierra,
hasta limpiar tus pecados más oscuros
y volverlos huellas sanas abonando la paz del mundo.
Si yo tuviese poder milagroso
tomaría una partecita bondadosa de tu corazón
para germinarla en el pecho del perverso
y un jardín misericordioso expandiría sus semillas en la tierra.
Si yo tuviese poder milagroso
iluminaria tu alma con mi mirada
potenciándola hacia lo humanitario, lo compasivo, lo tolerante
y en la cordura del andar ser del desvalido apoyo en sus manos.
Si yo tuviese poder milagroso
te abrazaría y en la magnánima envoltura
depositaria la fuente del amor en tu corazón, mente, alma y espíritu
que no agotara su caudal y diera de beber a otros hasta saciar su sed.
Si yo tuviese poder milagroso
apartaría tu mirada del odio, del rencor, la venganza y del juicio errado,
te incitaría a dormir y despertar con sueños de armonía para cada día
a sentir la sangre bullir en tus venas, júbilo de renacer ¡de vida!
Si yo tuviese poder milagroso
te auparía a celebrar en un mismo latido la fe,
que nos es otra cosa que semilla de esperanza,
con la certeza que la esperanza no es egoísmo,
es el bien para todos.
Si yo tuviese poder milagroso
escribiría unas líneas que te dijeran
que en las piedras y la aridez también nacen flores,
que los corazones duros están rebosantes y cautivos los amores,
que reflexionar no te quieta nada,
y en la compañía de nuestro propio silencio,
ya expandido el pensamiento
te darías cuenta que el milagro esta en ti,
en el poder que le das a tus propósitos.
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