Porfirio Mayo
Poeta recién llegado
Aquí, la tarde es eterna.
El sol cuelga como de una pared brumosa y celestial.
Las nubes se arman y se rearman.
Las nubes se deshacen, en finos copos de cristal.
Aquí la tarde es primaveral.
Aquí llegan las aves migrantes.
Aquí llegan las aves en vendaval.
Aquí como en nuestros sueños, la tarde nos dura meces.
Aquí el día se desvanece, el día desaparece
en los insomnios sin sueños, sin pesadillas.
Aquí la noche se olvida.
Aquí el día no perece.
Aquí en meces no oscurece.
Aquí en meces no amanece.
Aquí la tarde es eterna.
Aquí el sol no envejece.
Aquí hay un sol qué brilla, semibrilla.
Suavecito; aquí hay un triste solecito,
qué llega con suavidad, qué arropa un bosque de pinos.
Qué envuelve sin lastimar, a una blanca soledad.
Aquí, hay un sol qué inspira.
Aquí hay una tarde qué da ternura.
Aquí el amor apetece.
Aquí el amor se respira.
Aquí la noche no dura.
Aquí no hay noches en meces.
Aquí hay una tarde qué da ternura.
Aquí el amor apetece.
Aquí el amor se respira.
Aquí la noche no dura.
Aquí no hay noches en meces.
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