Siembra de fuego

luna roja

Princesa de fuego
*A la lengua que me nombra

Soy la tierra que aguarda tu siembra de fuego,
esta geografía de colinas y volcanes dormidos
que hoy se desperezan con el roce de tu marea.
No soy puerto pasivo, soy costa que embiste
mujer bahía que se humedece en tu mapa de lengua.

Vení, naufragá en este cuenco de barro y de savia,
donde mis muslos son selva y mi vientre es camino.
Si sos ancla, hundite en la raíz de mis gritos,
que yo no sé de naufragios que no sean victorias,
ni de cuerpos que no se vuelvan estandartes de luz al amanecer.

Bebé de este jugo de fruta madura,
que mi piel es el territorio donde la luz se hace carne
y el deseo es un acto de justicia rebelde.
En el cauce de mis piernas, tu río se vuelve infinito,
y mi boca, esa manzana encendida de asombro,
se abre para morder la vida que nos desborda.

Quedémonos así, zurcidos en este valle de sábanas,
donde el amor no es refugio, sino combate y milagro,
hasta que el sol nos encuentre convertidos en un solo país:
uno de pétalos de fuego y libertad compartida.
 
Amiga, hacía tiempo no me sentaba a entrar en tus entrañas poéticas y sentirlas respirar de esta manera.

Tu texto no habla solamente del deseo entre dos cuerpos; habla de una mujer que se reconoce territorio vivo, fuerza telúrica, naturaleza que no espera ser conquistada sino compartida. Hay una apropiación poderosa de lo femenino: no como objeto, sino como paisaje consciente de su fuego, de su fertilidad emocional y de su capacidad de transformar al otro.

La voz poética convierte el erotismo en algo casi sagrado. La tierra, los volcanes, la selva, el río, el barro… todo pertenece al lenguaje de la creación. El deseo aquí no es simple pasión física: es una ceremonia de identidad, de libertad y de entrega mutua. Por eso frases como “el deseo es un acto de justicia rebelde” elevan el poema; convierten el encuentro íntimo en resistencia contra la frialdad del mundo.

También sentí algo muy hermoso: el poema nunca cae en la vulgaridad, aun siendo intensamente sensual. Hay imágenes profundamente corporales, pero están sostenidas por una estética lírica muy sólida. La sensualidad se vuelve paisaje y símbolo. Eso requiere oficio y sensibilidad.

Y el cierre… “un solo país: uno de pétalos de fuego y libertad compartida” me parece extraordinario. Porque ya no habla solo de amantes; habla de una fusión emocional donde ambos dejan de ser individuos separados para convertirse en una patria íntima, construida desde el amor, la libertad y el deseo compartido.

Es un poema que arde, sí, pero arde con belleza. Si es posible, puedo usarlo en mi curso de escritura creativa?
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba