El abanico lagrimea.
La noche espesa,
El fondo negro,
Devastado por una soledad.
Esto fue un paisaje.
Una espera,
una entrega,
el tiempo se volvió infinidad.
Había vuelto, o caído... no lo sé,
igual, el pozo es el mismo,
Siempre se vuelve,
Siempre se cae;
Siempre palpa.
Mi ciudad volvía arder,
Siempre ardía,
Siempre volvía,
Siempre lloraba.
Fueron gritos, los lamentos.
Fueron silencios, los gozos.
Fue una lámpara, no fue la luz,
La que entro en mi habitación.
Fue mucha la mierda desparramada,
En segundos,
En minutos,
En horas.
Pero siempre se volvía.
¿Habría forma de terminarlo?
¡No insinué a la muerte!
¡La vida me esperaba!
Pero...
...siempre volvía
Siempre callaba.
Siempre silencio.
¡Siempre débil!
¡Siempre sedienta!