AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Desde la nada leí los ciclos de las horas
que carminan mis pasos al borde de tu espejo.
Desde el silencio oí rapsodias en el dejo
triste de los días virginales que desfloras.
que carminan mis pasos al borde de tu espejo.
Desde el silencio oí rapsodias en el dejo
triste de los días virginales que desfloras.
Desde los centros abismales de las esporas
fuí presagio en equilibrio, el labio parejo,
firme pilar de tu boca descarnada. Viejo
rostro encaramado a mis espaldas, añoras
fuí presagio en equilibrio, el labio parejo,
firme pilar de tu boca descarnada. Viejo
rostro encaramado a mis espaldas, añoras
la tersura de otros años, viveza indomable
del lobo que juega en un jardín y mimetiza
las plumas del canario que no será bocado,
continencia armada del amante imponderable.
del lobo que juega en un jardín y mimetiza
las plumas del canario que no será bocado,
continencia armada del amante imponderable.
Hinco mi piel desvelada ante el beso que atiza
los muros de este pecho construido en el tejado,
que despuebla murallas con campos en barbecho.
los muros de este pecho construido en el tejado,
que despuebla murallas con campos en barbecho.
Desde la carne, me hirió la luz inefable
que pronuncia el nombre de la vida en cuatro letras.
que pronuncia el nombre de la vida en cuatro letras.