Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo ha cambiado desde entonces
como de quien a vuelto y desconoce
lo que en su memoria el estupor vencía,
apretando el músculo, abriendo el alma
incipiente que te forma en cada gesto,
fusión que late y se doblega
entre desgastadas cosas que el tiempo esconde.
Mucho antes fuimos, nos sospechamos en el salto
de una palabra que ejercía imperios
en la música sanguínea de las arpas
albas de tus manos lavadas en las mías.
Así se vuelve como se retorna de lo ajeno
donde nada existía ni tenía nombre
rodeando el infinito que gotea noche y nos hiere
de cristales resueltos como un sueño nunca visto.
Siempre te he querido.
El interior es una puerta tan honda
y gira y solo pasan tus ojos
cuando todo decae y se silencia
en ese ejercicio preciso del espíritu
cuando se transfieren las formas,
a cada parpadeo que nos inunda la memoria.
como de quien a vuelto y desconoce
lo que en su memoria el estupor vencía,
apretando el músculo, abriendo el alma
incipiente que te forma en cada gesto,
fusión que late y se doblega
entre desgastadas cosas que el tiempo esconde.
Mucho antes fuimos, nos sospechamos en el salto
de una palabra que ejercía imperios
en la música sanguínea de las arpas
albas de tus manos lavadas en las mías.
Así se vuelve como se retorna de lo ajeno
donde nada existía ni tenía nombre
rodeando el infinito que gotea noche y nos hiere
de cristales resueltos como un sueño nunca visto.
Siempre te he querido.
El interior es una puerta tan honda
y gira y solo pasan tus ojos
cuando todo decae y se silencia
en ese ejercicio preciso del espíritu
cuando se transfieren las formas,
a cada parpadeo que nos inunda la memoria.
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