Siempre Tú
Con la delicadeza de tus odios
apretando la cordura solapa
y esa mirada
¡Sí!
Aquella luz de mármol
que aviva el miedo,
una tortura desequilibrada
entre el amor y el golpe,
golpe continúo lleno de dudas
postradas en tu yerro
meceado en mi alma adulta.
Siempre tú
con la niñez cobarde
que oculta la malintencionada
presión sometida hacía
ésta esclava
de besos, de sexo
y de la putrefacta mirada
de esperanza
que arroja
un moribundo corazón.
Y siempre tú
tu tristeza arrodillada
con la sed acuclillada,
¡Sí!
La sed de beber mi ser
apresar mis labios,
sumergir tu placer.
Ahora yo,
sólo tapo tus lágrimas
imploro porque calle tu afecto
y entienda
tu dolor
tu aflicción
tu soledad
que la rudeza de tu puño débil
-tan verde-
quien asustó y hundió
en reproche cualquier oportunidad de navegar
en el elixir iluso
de tu cálida vehemencia....
Produjo un giro de 160° a tu izquierda
donde el camino terminó
en un infinito cielo.
¡Oh! Herida estoy
mientras tú sin más sigilo
te cortas en llanto
y en un grito dices:
¡Eres de piedra!
Y mi dolor responde
¿Y qué?
¡Sí no hay forma de amar
sin dejar de morir!
Con la delicadeza de tus odios
apretando la cordura solapa
y esa mirada
¡Sí!
Aquella luz de mármol
que aviva el miedo,
una tortura desequilibrada
entre el amor y el golpe,
golpe continúo lleno de dudas
postradas en tu yerro
meceado en mi alma adulta.
Siempre tú
con la niñez cobarde
que oculta la malintencionada
presión sometida hacía
ésta esclava
de besos, de sexo
y de la putrefacta mirada
de esperanza
que arroja
un moribundo corazón.
Y siempre tú
tu tristeza arrodillada
con la sed acuclillada,
¡Sí!
La sed de beber mi ser
apresar mis labios,
sumergir tu placer.
Ahora yo,
sólo tapo tus lágrimas
imploro porque calle tu afecto
y entienda
tu dolor
tu aflicción
tu soledad
que la rudeza de tu puño débil
-tan verde-
quien asustó y hundió
en reproche cualquier oportunidad de navegar
en el elixir iluso
de tu cálida vehemencia....
Produjo un giro de 160° a tu izquierda
donde el camino terminó
en un infinito cielo.
¡Oh! Herida estoy
mientras tú sin más sigilo
te cortas en llanto
y en un grito dices:
¡Eres de piedra!
Y mi dolor responde
¿Y qué?
¡Sí no hay forma de amar
sin dejar de morir!
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