Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
El problema de escribirle no es qué contarle o qué callar. Siempre puedo decirle, de una manera o de otra, que comencé a extrañarle apenas recogió su ropa de aquel rincón en donde la teníamos sin su cuerpo castigada; que después de su piel toda el hambre se volvió imposible de saciar si no era con sus labios, pero que eso sí, la sed de mis mejillas siempre tuvo una lluvia insolente con la cual hartarse.
Siempre puedo contarle, aunque sea verdad, que las estrellas de mis cielos cayeron en medio de sus mares y que ahora no puedo explicarle con mis versos cuáles son marinas, cuáles son luceros o cuáles son las de papel de arroz y miel que iban como besos en su frente.
Siempre puedo atragantarme con uno o dos de mis silencios, o morderme la punta de la lengua y de los dedos para no comprometerle con algún chantaje que le siente mal en su distancia, puedo olvidarme y no escribirle, sin que Dios me llame a cuentas, del dolor que me aqueja en el corazón cada madrugada al despertarme y mirar mis brazos clavados como en cruz en la inmensidad de la soledad de la distancia que dejó en su lado de la cama.
Siempre sé que escribirle o que callar, el problema es cuando termino y le envío el resultado de mezclar mis sentimientos con las letras y me quedo esperando a que lo lea y pasa un minuto dos o una eternidad y no hay respuesta.
Due 5.02.13 en una noche en la que parece que las estrellas se fugaron..
Nota 1. me mata la curiosidad de saber cómo ésta mató al gato....
Nota 2. y al tiempo que tomaba Viagra le explicó a su amada; para que nada no se pare.
Nota 3. y entonces el masoquista le suplicó al sádico que lo golpeara, y esté, con saña inaudita, le dijo.......no!!!
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