cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjame soñar descubrimiento amanecer
en tu presencia, aunque para ello; deba
pintar cenizas mí cabello hoguera apagada,
enero.
Déjame pensar somos agujas del reloj, en la
hora trece, nuestras palabras primas, volando
minutos en el aire.
Déjame simular, estoy vestido de domingo, azul,
nuestras alegrías, cuando agua manantial lleno
nuestro amor, calmó sed nuestro cariño.
Déjame vestirme de tristeza, zarpazo de traición
separó aquellas aguas, desviando nuestro cauce,
hacia el mar, distintos ríos, ahogando acuerdos
en sus olas, desnudando espumas, sin retorno.
Tú, violeta, dejaste marchitar, flor de nuestras
promesas: Creí, encontrar en ti alguna simiente,
pero no; tú arrancaste ese amor, desde sus raíces.
Entiendo silencio tus palabras; es una voz muda,
gritando: Vete; soy flor de otra tierra.
Está bien, será luna nueva escondiéndose de pena, en
mes sin treinta días, hemos llegado al eclipse
de nuestras vidas, no queda sino; siete cantos y un adiós.
en tu presencia, aunque para ello; deba
pintar cenizas mí cabello hoguera apagada,
enero.
Déjame pensar somos agujas del reloj, en la
hora trece, nuestras palabras primas, volando
minutos en el aire.
Déjame simular, estoy vestido de domingo, azul,
nuestras alegrías, cuando agua manantial lleno
nuestro amor, calmó sed nuestro cariño.
Déjame vestirme de tristeza, zarpazo de traición
separó aquellas aguas, desviando nuestro cauce,
hacia el mar, distintos ríos, ahogando acuerdos
en sus olas, desnudando espumas, sin retorno.
Tú, violeta, dejaste marchitar, flor de nuestras
promesas: Creí, encontrar en ti alguna simiente,
pero no; tú arrancaste ese amor, desde sus raíces.
Entiendo silencio tus palabras; es una voz muda,
gritando: Vete; soy flor de otra tierra.
Está bien, será luna nueva escondiéndose de pena, en
mes sin treinta días, hemos llegado al eclipse
de nuestras vidas, no queda sino; siete cantos y un adiós.
: