Jenn
Poeta recién llegado
Violeta en el infierno de este día que aun no termina, un arcoiris de siete grises en el cielo de nubes rosa, los lamentos de los jardines que rodean esta eternidad sin lagrimas por derramar. Una gota de sangre que tiñe los recuerdos de las mejillas. Manos apretadas contra el pecho y llenas de nada.
Cuarenta madrugadas en los brazos de un amante creado de las sombras de los tantos que pasaron por este cuerpo que no siente. El sin sabor de aquellos besos que refugiaban los retazos de un deseo mas allá de lo carnal. Cuantas mariposas que rodearon ese lecho de rosas marchitas por no tener a quien sentir.
Cuantos suspiros se extinguieron en la almohada, cuantas caricias se arrugaron entre los descoloridos tonos de las sabanas que refugiaban antologías, cuantos besos muertos en medio del vuelo de las mariposas. Cuantos sueños que se desvanecieron tras de los reflejos de un espejo.
Y hoy este lecho ya no me pertenece, es ahora propiedad del abandono, aun mis huesos buscan su calor en las noches y solo entre memorias le sienten, aun los recodos de mi alma descansan en el lecho cada noche. Pero el corazón que en el latía se detuvo en el tiempo.
Cuarenta madrugadas en los brazos de un amante creado de las sombras de los tantos que pasaron por este cuerpo que no siente. El sin sabor de aquellos besos que refugiaban los retazos de un deseo mas allá de lo carnal. Cuantas mariposas que rodearon ese lecho de rosas marchitas por no tener a quien sentir.
Cuantos suspiros se extinguieron en la almohada, cuantas caricias se arrugaron entre los descoloridos tonos de las sabanas que refugiaban antologías, cuantos besos muertos en medio del vuelo de las mariposas. Cuantos sueños que se desvanecieron tras de los reflejos de un espejo.
Y hoy este lecho ya no me pertenece, es ahora propiedad del abandono, aun mis huesos buscan su calor en las noches y solo entre memorias le sienten, aun los recodos de mi alma descansan en el lecho cada noche. Pero el corazón que en el latía se detuvo en el tiempo.