César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vetustos rosales y trinitarias de espeso lila
me dan sus manos
bajo esta lluvia que cala hasta a las farolas de la calle.
La gente se guarece y maldice
bajo los balcones insolentes sin julietas.
Se me van mojando los ojos impermeables
al recordarla
bajo el torrencial
y los relámpagos,
y el apuro, y el estrés, y las torrenteras de las calles empinadas...
"Ahora que el invierno se prende de las hojas"
—canta Lilia Vera en mis labios—
Yo avanzo, indiferente al crepitar de las gotas, en medio de una noche-mar.
Mis pasos desganados
caminan entre edificios fantasmas
perdidos en la niebla.
Vuela agitado mi pensamiento
como ave que extravió sus alas.
Me azota la nostalgia:
Lo extraño.
Se rompe en mis labios la esperanza de poder besarlo,
como se rompen en fieros estallidos esas nubes en el cielo...
dolidas actrices de una tormenta eléctrica.
En esta matinal noche
despiertan mis ojos buscando el sol de su mirada
perdida entre la lluvia...
Quiero exteriorizar mi angustia
y dejar que caigan lágrimas
en el océano.
¡Otro rayo azul quitándole seis de siete velos a las sombras...!
Su requiebro atronador no la ha traído.
Yo quiero quitarle ocho de siete velos a su cuerpo
que no está conmigo en medio de esta lluvia.
Me falta
y no alcanza a lavar de mí su rostro la tormenta.
Detenido en el centro-río de la calle
imploro, como un creyente,
la presencia bendita de sus olas
para cuando cierre la puerta y la ventana.
Su requiebro atronador no la ha traído.
Yo quiero quitarle ocho de siete velos a su cuerpo
que no está conmigo en medio de esta lluvia.
Me falta
y no alcanza a lavar de mí su rostro la tormenta.
Detenido en el centro-río de la calle
imploro, como un creyente,
la presencia bendita de sus olas
para cuando cierre la puerta y la ventana.
La tormenta se incrusta en mis recuerdos
y una tempestad de sensaciones
produce un maremoto en mi interior.
La noche me grita con fuerzas que él está lejos.
La lluvia arrastra todos mis pensamientos
y, detrás del firmamento oscuro,
busco encontrar la luz que me guíe
hasta sus labios de miel...
pero mis deseos naufragan en el mar
al no sentir su cuerpo junto al mío.
El claxón de un vehículo y un destemplado grito disparado hacia mi rostro
me hacen notar que la lluvia ha amainado.
Menos en mí, que lluevo estar con ella, con ella, con ella, con ella, con ell...
Cuando el agua se haya ido y todo vuelva a ser mañana
no habrá huellas en la calle.
Tan solo una rosa roja desangrará sus pétalos aquí,
sobre el asfalto, donde la siembro y sigo
solo,
a 7000 mundos o más
de donde estás.
me hacen notar que la lluvia ha amainado.
Menos en mí, que lluevo estar con ella, con ella, con ella, con ella, con ell...
Cuando el agua se haya ido y todo vuelva a ser mañana
no habrá huellas en la calle.
Tan solo una rosa roja desangrará sus pétalos aquí,
sobre el asfalto, donde la siembro y sigo
solo,
a 7000 mundos o más
de donde estás.
El frío se adelanta a mis pasos que van, entre hormigas de cemento,
buscando las huellas de un rayo de sol.
Una cortina de lluvia salobre me arrasa las pestañas
y en mis pupilas naufragan silenciosos tus deseos lejanos,
mientras en mi interior se ahoga un grito pronunciando tu nombre.
La lluvia cesó,
pero a más de 7000 mundos de distancia,
mis ojos siguen lloviendo pétalos rojizos
de sueños inconclusos...
Agosto de 2017 y lluvias invernales... a siete mil mundos o más.
Mar_ (Con alma de lobezna) y CésarGuevara
Mar_ (Con alma de lobezna) y CésarGuevara
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