Sigue nevando

Isurafel

Poeta recién llegado
Cae la brisa al morir invernal día
y una flama oscila ante la nada;
la esperanza, entumecida y helada
besa la nieve, y la pronuncia: "mía"

Y tras las palabras solitarias
las sombras le sostienen una vela,
y aquel, que su corazón recela,
cruza las anchas calles esteparias.

Prometió, al dolor, nunca conocer
el calor de otro triste ser humano;
el frío viento la luz no ha apagado
y la llama empieza a desaparecer.

Cerró los ojos, bebió de su alma
y su corazón ofreció al calor;
gotean el alma y la boca dolor
mientras el frío se instala en calma.

La nave cruza el ancho cielo;
horizonte, de brillo, impregnado;
y el hombre, por la luz olvidado,
pierde su sombra gracias al hielo.

La pálida aurora ya muerta
vela el sueño imperante en la nada;
¿sueña solitario ente con la amada?
¿a lo lejos habrá una puerta?

Gélida mano calla la flama,
el viento susurra triste canción,
la nieve suspira cierta oración
y el hielo reclama a quien ama.

Una sombra se alza cerca del pueblo,
la nieve cubre eterno soñante,
de pasos tristes, eco oscilante
por amplia bruma, la tierra tiembla.

Del cielo oscuro, tierno amante
cubre con alas frías caricias,
remueve de su alma malicias
que no pudo el hielo penetrante.

Y el viento y la nieve, llorando;
la flama oscilante, extinguida;
el furioso aliento, sin cabida;
sobre el cuerpo, sigue nevando.



Dedicado a la sombra marchita que ha muerto entre la nieve, sufriente del pasado del que me he enamorado.​
 

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