Sígueme compañera de hondas angustias,
las tardes placenteras aún te reclaman,
escucha mi canto puro, sin lujuria,
pero no estés tan segura ya que todo cambia.
Hoy mi palabras estás exprimidas, vaciadas,
te pido que no importa adonde estemos te pido
rumores de nueva esperanza.
Tu fuiste el centro de mis nostalgias y de mis
noches sin calma. Te regalé el viejo jarrón que
tanto admirabas decorado pero sin brillo,
como si careciese de alma el pobre jarrón opaco
inspiraba lástima.
No tenía más que darte que esa pobre posesión,
entonces inventé la cascada , la irreverente caída
de agua...
Sígueme en mi ascenso y en mi descenso ya que
ningún abismo que azote la soledad nos aguarda.
Sé mía por única vez y nada diré ya que el amor
nunca proclama.
Mi dolor cede. Mi desdicha no lacera ni mi amor es
un arma. Solamente mi espíritu avanza...
Permite que llegue y rece por ti. Sólo ama.
Recuerda que el pedestal de esta casa está debajo
de las ramas juntos a las flores de la retama.
Comprende que no puedo huir de lo que siento
y si ya no me amas, déjame solitario y no decidas
recorrer mi piel cansada, pero si aún el fervor persiste
seré feliz con sólo verte caminar sin haber vendido el alma.