El despertar de la mañana,
fue igual al que mi ser tuvo
cuando cuenta se dio
que lograría acariciarte y amarte.
Igual a los reflejos del sol,
naciendo tibios, recorriendo mi cuerpo
sin haberte besado aun.
El paraíso recién iluminado,
expectante e inmóvil
a la parálisis que mi corazón encontró,
cuando mis labios con los tuyos
por primera vez se mezclaron,
y desnuda acabaste en mis brazos
despertándose tus senos
como este amanecer.
Tan alto veo el sol del mediodía,
alto en la mitad de nuestras vidas,
alto contigo y alto sintiéndonos uno
en el deseo y la pasión.
De oro bañada será la tarde,
como bañada es nuestra madurez
por la dorada, candente siempre,
necesidad de amor.
Y cuando el sol se meta rojo consagrado,
lo sentiré igual al fuego
al que derritió mi inseguridad,
la vez que no te vi,
pero que si estabas,
que viví en ti,
sintiéndote más que nunca,
como el sol que estuvo,
que siempre está.