Alfredo Escalona
Poeta recién llegado
Escribí tu poema sobre pliegos blancos
y en letras grandes,
luego recorte las hojas con minucia y premura;
hice trozos muy pequeños, como una garúa
o un enjambre de estrellas
y me abandoné desnudo a la lluviosa sensación de tus versos.
Tu sílabas de amor crepitaron conmigo
y me calciné en tu aroma.
Un sensual abecedario me dictó lúcidas lecciones
en cada rasguño,
en cada tacto de tus manos,
en cada llamado de tu boca.
Poco a poco se iba extenuando el texto en su magra sintaxis.
Sentí cada pulso,
cada estrofa,
cada verso,
cada palabra,
cada sílaba de ti.
Tus letras me asaltaron en busca de colores delirantes
y a cada pausa un beso tuyo profanó mis pliegues y abismos.
Terminamos en una seca polvareda de flores escarchadas...
y en letras grandes,
luego recorte las hojas con minucia y premura;
hice trozos muy pequeños, como una garúa
o un enjambre de estrellas
y me abandoné desnudo a la lluviosa sensación de tus versos.
Tu sílabas de amor crepitaron conmigo
y me calciné en tu aroma.
Un sensual abecedario me dictó lúcidas lecciones
en cada rasguño,
en cada tacto de tus manos,
en cada llamado de tu boca.
Poco a poco se iba extenuando el texto en su magra sintaxis.
Sentí cada pulso,
cada estrofa,
cada verso,
cada palabra,
cada sílaba de ti.
Tus letras me asaltaron en busca de colores delirantes
y a cada pausa un beso tuyo profanó mis pliegues y abismos.
Terminamos en una seca polvareda de flores escarchadas...