poetakabik
Poeta veterano en el portal
Ya no respira el alba entre mis brazos,
ya no despierta el sol en su sonrisa,
la muerte lo llevó con crueles lazos,
y en mi regazo habita la ceniza.
Sus ojos se cerraron dulcemente,
como si el sueño eterno lo llamara,
y yo quedé abrazada a su silente
memoria, que mi sangre desgarrara.
No hay canto que mitigue este quebranto,
ni luna que ilumine tal ausencia,
pues llevo en mi interior un niño santo
que aún me nombra, envuelto en la inocencia.
Le hablo cada noche en mi desvelo,
le arropo con mi llanto y mi lamento,
quisiera devolverlo desde el cielo
y hacerlo carne viva en mi momento.
Pero la vida sigue su camino,
y yo, su madre, sigo en esta orilla,
con la esperanza abierta en mi destino,
de verlo en cada estrella que destella.
ya no despierta el sol en su sonrisa,
la muerte lo llevó con crueles lazos,
y en mi regazo habita la ceniza.
Sus ojos se cerraron dulcemente,
como si el sueño eterno lo llamara,
y yo quedé abrazada a su silente
memoria, que mi sangre desgarrara.
No hay canto que mitigue este quebranto,
ni luna que ilumine tal ausencia,
pues llevo en mi interior un niño santo
que aún me nombra, envuelto en la inocencia.
Le hablo cada noche en mi desvelo,
le arropo con mi llanto y mi lamento,
quisiera devolverlo desde el cielo
y hacerlo carne viva en mi momento.
Pero la vida sigue su camino,
y yo, su madre, sigo en esta orilla,
con la esperanza abierta en mi destino,
de verlo en cada estrella que destella.