PoetaJC
Poeta recién llegado
Ya no consigo disipar de mi este silencio que me aflige.
Que revolotea en mis entrañas estridentemente
con sus alas acristaladas.
La melodía más pura traslúcida como agua.
Reflejando todo el sentimiento.
Murmullos que caen sobre el silencio
para desaparecer en el recuerdo.
En el tintineo de unas perlas
verdes como unos labios
que aún no han madurado.
Cuantas cosas bellas puedo tocar con mis dedos,
que hasta el viento puedo sentirlo posado en mi cuerpo
y el calor tumbado en mi aliento.
Y si pudiera arrancar el amor dolido de mi pecho
tenerlo entre mis manos para soltarlo al viento.
Si pudiera desatarme de las amarras
que me arrastran hasta el jardín oscuro de mi espíritu.
Podría salir de los espejos vacíos,
de los barrotes ocultos.
Pero aún no puedo.
Es tan fuerte su peso y tan débil mi anhelo.
Que ese amor azota mi dolor
como un sueño que no se desvanece.
Como una voz que araña las paredes de mi corazón
para descocer las llagas de los besos olvidados.
Y mi voluble voz es un charco
donde vomito palabras que todo lo ablanda
con la imaginación desimaginada.
Las horas se hacen largas e insoportables.
Cadena en la que desespero,
eslabón que contemplo mientras se asesina el tiempo.
Y el cielo se vuelve un espejo gris
donde se ocultan los borrosos lamentos.
Y necesito tanto ser de ala,
ser espuma o ser ola.
Esa ligereza enamorada de la calma,
del latido, de la nada.
De todo aquello que no es eterno.
J.C. Luzardo
�Todos los derechos reservados.
Que revolotea en mis entrañas estridentemente
con sus alas acristaladas.
La melodía más pura traslúcida como agua.
Reflejando todo el sentimiento.
Murmullos que caen sobre el silencio
para desaparecer en el recuerdo.
En el tintineo de unas perlas
verdes como unos labios
que aún no han madurado.
Cuantas cosas bellas puedo tocar con mis dedos,
que hasta el viento puedo sentirlo posado en mi cuerpo
y el calor tumbado en mi aliento.
Y si pudiera arrancar el amor dolido de mi pecho
tenerlo entre mis manos para soltarlo al viento.
Si pudiera desatarme de las amarras
que me arrastran hasta el jardín oscuro de mi espíritu.
Podría salir de los espejos vacíos,
de los barrotes ocultos.
Pero aún no puedo.
Es tan fuerte su peso y tan débil mi anhelo.
Que ese amor azota mi dolor
como un sueño que no se desvanece.
Como una voz que araña las paredes de mi corazón
para descocer las llagas de los besos olvidados.
Y mi voluble voz es un charco
donde vomito palabras que todo lo ablanda
con la imaginación desimaginada.
Las horas se hacen largas e insoportables.
Cadena en la que desespero,
eslabón que contemplo mientras se asesina el tiempo.
Y el cielo se vuelve un espejo gris
donde se ocultan los borrosos lamentos.
Y necesito tanto ser de ala,
ser espuma o ser ola.
Esa ligereza enamorada de la calma,
del latido, de la nada.
De todo aquello que no es eterno.
J.C. Luzardo
�Todos los derechos reservados.