Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
En cualquier esquina,
de cara a la pared,
veo tus manos que se esconden debajo de unos guantes perfumados,
el ùnico aroma que no es tuyo.
Tu piel es la helada mañana de Invierno,
gotas de sudor concentrado,
La vista es un moderno comentario de pasillo,
la pòcima posible en cotorreo,
què quieres, què esperas,
si todo el porvenir es necesario.
No me cuentas si te gusta que te miren, que te miren y te ignoren y te toquen,
No es dable un mecanismo de rotura,
tampoco un alfeñique de mixtura,
el dedo un elemento necesario,
el barro un movimiento y un resplandor.
No es cierto, no lo fue,
como tampoco tu delirio por sus hombros,
sus manos enrejadas en tu pelo,
rellenos de sudor,
de sangre y lluvia,
no concibo tu dolor,
ni al pasajero.
Pero es ahì donde encuentras tus temores,
en dintel de puertas entreabiertas,
en bodegas de muebles y anticuarios,
en veredas de polvo y aserrìn,
en veredas repletas de misterios,
de palabras de otro mundo,
de tus manos,
de tus ojos, tus pestañas y tus brazos, esos brazos abrazados de tatuajes,
que miran al normal y lo detienen,
para echarse a reir,
para dormir.
Ellos tendràn pronto la opciòn de la burla,
el momento necesario de los dìas,
el pan,
el aceite, la sal de la comida,
la luz y la sacristìa,
sacerdote infiel,
colmado de deseo, comprensible,
cuando llegas a decir dolor perpetuo,
"Padre, hace años que no me confieso".
La voz de madera y votos sacros se llena de placer y adrenalina,
ya viene una ademàn, el gesto tòrrido,
poder abrazarla,
y tenerla.
Asì empieza tu tragedia,
con una voz que te regala mil perdones....
mil momentos,
emociones.
de cara a la pared,
veo tus manos que se esconden debajo de unos guantes perfumados,
el ùnico aroma que no es tuyo.
Tu piel es la helada mañana de Invierno,
gotas de sudor concentrado,
La vista es un moderno comentario de pasillo,
la pòcima posible en cotorreo,
què quieres, què esperas,
si todo el porvenir es necesario.
No me cuentas si te gusta que te miren, que te miren y te ignoren y te toquen,
No es dable un mecanismo de rotura,
tampoco un alfeñique de mixtura,
el dedo un elemento necesario,
el barro un movimiento y un resplandor.
No es cierto, no lo fue,
como tampoco tu delirio por sus hombros,
sus manos enrejadas en tu pelo,
rellenos de sudor,
de sangre y lluvia,
no concibo tu dolor,
ni al pasajero.
Pero es ahì donde encuentras tus temores,
en dintel de puertas entreabiertas,
en bodegas de muebles y anticuarios,
en veredas de polvo y aserrìn,
en veredas repletas de misterios,
de palabras de otro mundo,
de tus manos,
de tus ojos, tus pestañas y tus brazos, esos brazos abrazados de tatuajes,
que miran al normal y lo detienen,
para echarse a reir,
para dormir.
Ellos tendràn pronto la opciòn de la burla,
el momento necesario de los dìas,
el pan,
el aceite, la sal de la comida,
la luz y la sacristìa,
sacerdote infiel,
colmado de deseo, comprensible,
cuando llegas a decir dolor perpetuo,
"Padre, hace años que no me confieso".
La voz de madera y votos sacros se llena de placer y adrenalina,
ya viene una ademàn, el gesto tòrrido,
poder abrazarla,
y tenerla.
Asì empieza tu tragedia,
con una voz que te regala mil perdones....
mil momentos,
emociones.