Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
La silenciosa ausencia
se evaporó esta tarde.
Me asomo a tus abismos
y no puedo encontrarte,
pues la nada es tan densa
que ahoga los instantes
vasallos de tu cuerpo,
de tu espesura amantes.
Con sollozo infantil
llegas para enterrarme
en una nieve estéril
que ante mi vista esparce
el sueño de otras risas,
las esperanzas que arden.
¡No soy tu criatura!
¡Detén tu tez salvaje!
¿Acaso los recuerdos
entre las ondas nacen?
¿A caso la inquietud
no ansía rebelarse?
Contra tu voluntad
vanas son las imágenes
y vanos los escollos
que la verdad levante
para que no descubran
su rostro tempestades.
La silenciosa ausencia
se evaporó esta tarde.
Caigo por precipicios
en los que grita el aire.
Y ahora ni luz ni suelo
pueden iluminarme.
La calma más inquieta
todo mi cuerpo invade
© Abraham Ferreira Khalil
se evaporó esta tarde.
Me asomo a tus abismos
y no puedo encontrarte,
pues la nada es tan densa
que ahoga los instantes
vasallos de tu cuerpo,
de tu espesura amantes.
Con sollozo infantil
llegas para enterrarme
en una nieve estéril
que ante mi vista esparce
el sueño de otras risas,
las esperanzas que arden.
¡No soy tu criatura!
¡Detén tu tez salvaje!
¿Acaso los recuerdos
entre las ondas nacen?
¿A caso la inquietud
no ansía rebelarse?
Contra tu voluntad
vanas son las imágenes
y vanos los escollos
que la verdad levante
para que no descubran
su rostro tempestades.
La silenciosa ausencia
se evaporó esta tarde.
Caigo por precipicios
en los que grita el aire.
Y ahora ni luz ni suelo
pueden iluminarme.
La calma más inquieta
todo mi cuerpo invade
© Abraham Ferreira Khalil