AMANT
Poeta adicto al portal
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Bajo un cielo de plata áurea,
envueltos en dulce luz,
acariciados por el incansable viento,
una aciaga tarde,
discuten acaloradamente,
intentando persuadirme,
dos enemigos a muerte...
_¡Déjala! No sabes si te ama.
Lo más probable
es que esté con alguien más.
Vive tan distante de ti.
La lejanía no perdona.
Sé que te es infiel,
casi lo puedo ver.
Investígale, desconfía.
¡Qué poco demuestras tu inteligencia!
¡Hazme caso! ¡Déjala!
_¡No, no la dejes! Es tu vida.
Vos la amas intensamente.
Mira que por las mañanas
despiertas y la sientes,
habitándote,
entregándose a vos, aún ausente,
su esencia percibes...
¡La amas!, ¿Me escuchas?
Lo sé mejor que nadie.
¡Aguarda! ¡Se paciente!
_Pierdes tu tiempo,
¿me oyes?, es una nena,
te olvidará pronto,
te dirá adiós, un día, para siempre,
y sólo dejará
un sembradío de penas
que regarás con llanto.
No vale la pena amarla,
te haces daño...
_¡No, no atiendas a ese perdedor!,
no escuches su grisácea y muda voz,
nadie como ella te ha hecho feliz
¿recuerdas cómo a su lado reías?,
¿cómo lloraste el día de su partida?
Es la mujer de tus sueños,
el amor de tu vida.
Espera. Aguarda. Ten paciencia.
_No esperes. Hay miles de seres,
hombres y mujeres.
Quizá alguien mejor encuentres.
Sólo mira a tu alrededor,
¡Olvídate de ella por favor!
Aléjala de tus recuerdos,
de tu memoria,
así como está de tu cuerpo.
¿No ves que ya concluyó vuestra historia?
_¡Hazme caso a mí!, ¡aférrate a ella!,
¡vuela en sus alas,
impulsada por su aliento!,
navega en sus mares,
explora sus colinas, sus valles,
sus bosques, su selva;
transita por los oscuros caminos
que traza sobre el tiempo su mirada,
y bébete la luz que de ella mana,
misma que hace crecer tu alma...
De pronto, se escucha
una voz de trueno
de sabiduría plena:
_¡no les hagas caso, ambos estan locos!...
Bajo un cielo de plata áurea,
envueltos en dulce luz,
acariciados por el incansable viento,
una aciaga tarde,
discuten acaloradamente,
intentando persuadirme,
dos enemigos a muerte...
_¡Déjala! No sabes si te ama.
Lo más probable
es que esté con alguien más.
Vive tan distante de ti.
La lejanía no perdona.
Sé que te es infiel,
casi lo puedo ver.
Investígale, desconfía.
¡Qué poco demuestras tu inteligencia!
¡Hazme caso! ¡Déjala!
_¡No, no la dejes! Es tu vida.
Vos la amas intensamente.
Mira que por las mañanas
despiertas y la sientes,
habitándote,
entregándose a vos, aún ausente,
su esencia percibes...
¡La amas!, ¿Me escuchas?
Lo sé mejor que nadie.
¡Aguarda! ¡Se paciente!
_Pierdes tu tiempo,
¿me oyes?, es una nena,
te olvidará pronto,
te dirá adiós, un día, para siempre,
y sólo dejará
un sembradío de penas
que regarás con llanto.
No vale la pena amarla,
te haces daño...
_¡No, no atiendas a ese perdedor!,
no escuches su grisácea y muda voz,
nadie como ella te ha hecho feliz
¿recuerdas cómo a su lado reías?,
¿cómo lloraste el día de su partida?
Es la mujer de tus sueños,
el amor de tu vida.
Espera. Aguarda. Ten paciencia.
_No esperes. Hay miles de seres,
hombres y mujeres.
Quizá alguien mejor encuentres.
Sólo mira a tu alrededor,
¡Olvídate de ella por favor!
Aléjala de tus recuerdos,
de tu memoria,
así como está de tu cuerpo.
¿No ves que ya concluyó vuestra historia?
_¡Hazme caso a mí!, ¡aférrate a ella!,
¡vuela en sus alas,
impulsada por su aliento!,
navega en sus mares,
explora sus colinas, sus valles,
sus bosques, su selva;
transita por los oscuros caminos
que traza sobre el tiempo su mirada,
y bébete la luz que de ella mana,
misma que hace crecer tu alma...
De pronto, se escucha
una voz de trueno
de sabiduría plena:
_¡no les hagas caso, ambos estan locos!...
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