Lope
Poeta adicto al portal
Al atardecer, nacen las sombras,
la oscuridad reina en tus poros.
Tu cintura es una obra de arte
y tus ojos brillan como oro.
Aún cayendo la noche,
aún asfixiándose el día,
tu silueta es dueña de mis alegrías.
Aún que el reproche se haga verso
y los besos escapen en un coche,
tu silueta da calor, a mi alma fría.
Sentado y escribiéndote las hojas,
caen las hojas de mi cielo;
en plena luna roja,
que revive el aroma de tu pelo.
Mientras el sol cae por la loma,
tu silueta se desata
y viaja por el horizonte,
dando brincos, y maromas.
Como una gata me acorralas,
entre mis deseos de polizonte,
me escapo entre las comas,
antes de que me comas.
Pero no escaparía en serio,
de tu deseo efervescente;
pues que más yo quisiera verte,
desnuda en una silueta bañada en el misterio.
la oscuridad reina en tus poros.
Tu cintura es una obra de arte
y tus ojos brillan como oro.
Aún cayendo la noche,
aún asfixiándose el día,
tu silueta es dueña de mis alegrías.
Aún que el reproche se haga verso
y los besos escapen en un coche,
tu silueta da calor, a mi alma fría.
Sentado y escribiéndote las hojas,
caen las hojas de mi cielo;
en plena luna roja,
que revive el aroma de tu pelo.
Mientras el sol cae por la loma,
tu silueta se desata
y viaja por el horizonte,
dando brincos, y maromas.
Como una gata me acorralas,
entre mis deseos de polizonte,
me escapo entre las comas,
antes de que me comas.
Pero no escaparía en serio,
de tu deseo efervescente;
pues que más yo quisiera verte,
desnuda en una silueta bañada en el misterio.