Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quién eres silueta perdida
Dónde está tu dueña? Te ha dejado escapar para llegar hasta mí
La noche está llorando,
el viento baila con los brazos
de un bosque árido; lágrimas tan pesadas como bueyes
Se suicidan en el tejado,
dividiendo tu pelo en lianas
estranguladas entre sí;
dejando ver tu rostro partido
Qué quieres silueta sin rumbo
Por qué me amenazan tus ingrávidos pezones, o es el frío, culpable de tan prodigiosa tentación bajo un translúcido vestido.
Por qué te quitas el envoltorio
de seda... no te acerques a mi fuego ni a la hoguera que empequeñese las semillas de mí hombría y crece su fruto... Culpable no seré si te quemas.
Tú, silueta de cristal...
sientes a caso, un puñal encendido llegando a las entrañas de tu infierno
do las almas blancas se apilan
y quieren salir a chorro.
Yo siento un volcán erocionándome el alma.
este aloe cristalino de las comisuras de tus piernas encienden mis pupilas y un trapecio descarrilado me domina
Y este oasis tan profundo
que divide tu mundo?
Puédome sumergir en él?
Sondear su misterio bondadoso
y apagar el incendio de tus
pechos con mis ahucadas
manos.
Aún siguen cayendo ángeles
de las preñadas nubes
Quédate...!
Tu dueña aún duerme en mi
alcoba.
Dónde está tu dueña? Te ha dejado escapar para llegar hasta mí
La noche está llorando,
el viento baila con los brazos
de un bosque árido; lágrimas tan pesadas como bueyes
Se suicidan en el tejado,
dividiendo tu pelo en lianas
estranguladas entre sí;
dejando ver tu rostro partido
Qué quieres silueta sin rumbo
Por qué me amenazan tus ingrávidos pezones, o es el frío, culpable de tan prodigiosa tentación bajo un translúcido vestido.
Por qué te quitas el envoltorio
de seda... no te acerques a mi fuego ni a la hoguera que empequeñese las semillas de mí hombría y crece su fruto... Culpable no seré si te quemas.
Tú, silueta de cristal...
sientes a caso, un puñal encendido llegando a las entrañas de tu infierno
do las almas blancas se apilan
y quieren salir a chorro.
Yo siento un volcán erocionándome el alma.
este aloe cristalino de las comisuras de tus piernas encienden mis pupilas y un trapecio descarrilado me domina
Y este oasis tan profundo
que divide tu mundo?
Puédome sumergir en él?
Sondear su misterio bondadoso
y apagar el incendio de tus
pechos con mis ahucadas
manos.
Aún siguen cayendo ángeles
de las preñadas nubes
Quédate...!
Tu dueña aún duerme en mi
alcoba.
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