Byroniana
Poeta fiel al portal
SILUETAS A FUEGO
Por dejarme ser tu pluma,
por ser el guía de mis versos.
La mano escribe,
la punta engarza
por el corazón la palabra,
ora que sangra,
ora que gime.
Cae un temblor de genio,
rendido al tiempo
en soledad y silencio,
rendido al verso,
delirio amargo de un necio.
Late, latiendo, latir
de porcelana salpica
sentimientos hundidos
en el frontal de la esquina,
donde se humilla el sino
de la triste, oscura vida.
Siluetas a fuego rojo
conforman herencia
dejada al alma y su antojo,
siluetas de ciencia,
de la palabra sin despojo.
Y expreso herencia
-y que poco de virtuoso-
cuando siento esta dolencia,
ay, amor ostentoso
a la extrema vivencia
a pena y sollozo.
Y la mano escribe
de placeres inmundos,
y la mano escribe
del enfermo profundo,
el que sobrevive
en aquellos suburbios
donde está en declive
la luz entre el tumulto,
do la sombra tiñe
al cielo por oscuro,
donde el ardor finge
sonrisas del impuro.
Allí el alma huye,
es halcón moribundo,
y mi mano escribe
por aqueste arte mudo
de este mal que ciñe
al solitario mundo.
El que ama al amor,
el que busque su nido,
sabrá de dolor,
sufrirá convencido.
Por dejarme ser tu pluma,
por ser el guía de mis versos.
La mano escribe,
la punta engarza
por el corazón la palabra,
ora que sangra,
ora que gime.
Cae un temblor de genio,
rendido al tiempo
en soledad y silencio,
rendido al verso,
delirio amargo de un necio.
Late, latiendo, latir
de porcelana salpica
sentimientos hundidos
en el frontal de la esquina,
donde se humilla el sino
de la triste, oscura vida.
Siluetas a fuego rojo
conforman herencia
dejada al alma y su antojo,
siluetas de ciencia,
de la palabra sin despojo.
Y expreso herencia
-y que poco de virtuoso-
cuando siento esta dolencia,
ay, amor ostentoso
a la extrema vivencia
a pena y sollozo.
Y la mano escribe
de placeres inmundos,
y la mano escribe
del enfermo profundo,
el que sobrevive
en aquellos suburbios
donde está en declive
la luz entre el tumulto,
do la sombra tiñe
al cielo por oscuro,
donde el ardor finge
sonrisas del impuro.
Allí el alma huye,
es halcón moribundo,
y mi mano escribe
por aqueste arte mudo
de este mal que ciñe
al solitario mundo.
El que ama al amor,
el que busque su nido,
sabrá de dolor,
sufrirá convencido.