Mitra
Poeta adicto al portal
Silencio molido
segrega aquella luz parpadeante
un foco, mestizo...
cables corroídos; intermitente;
pulsos bipartidos...
El mohoso despliegue
de siluetas van como tobogán
comiendo paredes
y yo sólo miro las grietas, que ya
niegan los cinceles.
Mas el tiempo calló
un pellejo desvalido, mi piel,
quiere salirse hoy,
cáscaras de serpiente, ¿escaparé...
del pasado que soy?...
¿De lo que pudo ser?
¿de mi vientre que se escurrió aquí?
y la sangre, revés...
de tu vida que cesó, vi partir
¡en forma de una nuez!.
Mis escamas gritan
empalidecidas con la raíz
de tu cordón, vira
que desmontó galope, mi latir
posado me mira...
Fijo, entre mi palma
con su cuerpo abrazado a mis huellas
con textura blanda;
y a sus extremidades pequeñas...
mis lágrimas raspan.
Sollozos, minutos...
de convulsiones, ¡frío, dolor, miedos!
gritos moribundos...
alba que no llega a mi tintero
consumido en grumos.
Mi rostro de niña
se esfumó y anidó en el techo viejo;
entrañas, dolidas,
olvidadas, perdidas en un perdón...
a tu alma dormida.
Mi piel perdió matiz
con el azulejo, se marchita
por los poros, su raíz
se ha exprimido entre las tuberías...
agonía carmesí.
Mi corazón, restos...
salpicados y envueltos, pellejos...
entre duros pechos
que lloran reprimidos, sedientos;
callando, sus huecos.
Sin encontrar, fría...
los pájaros cantan, no escatiman
¡al vacío sin tripas! ;
a tu falta, ya sin su saliva,
sin garganta... ¡Gritan!.
segrega aquella luz parpadeante
un foco, mestizo...
cables corroídos; intermitente;
pulsos bipartidos...
El mohoso despliegue
de siluetas van como tobogán
comiendo paredes
y yo sólo miro las grietas, que ya
niegan los cinceles.
Mas el tiempo calló
un pellejo desvalido, mi piel,
quiere salirse hoy,
cáscaras de serpiente, ¿escaparé...
del pasado que soy?...
¿De lo que pudo ser?
¿de mi vientre que se escurrió aquí?
y la sangre, revés...
de tu vida que cesó, vi partir
¡en forma de una nuez!.
Mis escamas gritan
empalidecidas con la raíz
de tu cordón, vira
que desmontó galope, mi latir
posado me mira...
Fijo, entre mi palma
con su cuerpo abrazado a mis huellas
con textura blanda;
y a sus extremidades pequeñas...
mis lágrimas raspan.
Sollozos, minutos...
de convulsiones, ¡frío, dolor, miedos!
gritos moribundos...
alba que no llega a mi tintero
consumido en grumos.
Mi rostro de niña
se esfumó y anidó en el techo viejo;
entrañas, dolidas,
olvidadas, perdidas en un perdón...
a tu alma dormida.
Mi piel perdió matiz
con el azulejo, se marchita
por los poros, su raíz
se ha exprimido entre las tuberías...
agonía carmesí.
Mi corazón, restos...
salpicados y envueltos, pellejos...
entre duros pechos
que lloran reprimidos, sedientos;
callando, sus huecos.
Sin encontrar, fría...
los pájaros cantan, no escatiman
¡al vacío sin tripas! ;
a tu falta, ya sin su saliva,
sin garganta... ¡Gritan!.


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