emiled
Poeta adicto al portal
Símbolos de un depresivo
I- Imagen
En el plomizo tejado de mi cuarto pende una antorcha;
como mil fuegos opacos juntos se encienden lúgubres voces.
El aire se hincha suena una flauta - (el tiempo palidece las ventanas),
Y el aullido de algún lobo en la lejanía aletarga los temores.
¡Oh, ha venido ya la bruja! Roncas voces de demonios bajo el astro,
y los dorados liturgias de la muerte y la magia; vanos estertores
cruzan los fríos montes -¡Oh, el humo enciende el fuego de los rituales!;
el embriagador canto de las sirenas en la mar se funden en el alabastro.
¡Oh sueños! He aquí el letargo del tiempo que nos trae la muerte.
En la cima del elevado monte posan los búhos ojos muertos exhalan silencio-.
Vierten los cielos ya negros lágrimas cual rocíos matinales;
y la danza oscura de las sombras son ya una dicha que evoca la suerte.
Y la llama de otoño ya no se extingue el soplo reaviva la llama-,
Y el dulce sueño nos bendice la frente, a nosotros ,!oh niños!
¡Que el dormir nos sea grato! ¡Atravesemos con tibieza los vastos páramos!
Que esta vez la muerte sea silenciosa calla niño calla
III- Despedida
¡Oh mundo de vigilias! El alba retrocede, las nubes tronan con furia.
La noche innunda los vestigios últimos del pasado diluvio de plomo,
y el reloj clamorea sollozando las frías campanadas del silencio,
creyendo encontrar en el pálido sueño la llave para soportar la injuria.
He cerrado mis párpados rasgó la lumbre el frescor otoñal-;
he de dormir eternamente bajo el mas frío sepulcro.
¡Estrella de la tarde! ¡Aurora ya lejana! ¡Oh, fin de las tardes!
¿Es la muerte eso que se oye cuando baja el astro y se instalan las noches?[/
I- Imagen
En el plomizo tejado de mi cuarto pende una antorcha;
como mil fuegos opacos juntos se encienden lúgubres voces.
El aire se hincha suena una flauta - (el tiempo palidece las ventanas),
Y el aullido de algún lobo en la lejanía aletarga los temores.
¡Oh, ha venido ya la bruja! Roncas voces de demonios bajo el astro,
y los dorados liturgias de la muerte y la magia; vanos estertores
cruzan los fríos montes -¡Oh, el humo enciende el fuego de los rituales!;
el embriagador canto de las sirenas en la mar se funden en el alabastro.
¡Oh sueños! He aquí el letargo del tiempo que nos trae la muerte.
En la cima del elevado monte posan los búhos ojos muertos exhalan silencio-.
Vierten los cielos ya negros lágrimas cual rocíos matinales;
y la danza oscura de las sombras son ya una dicha que evoca la suerte.
Y la llama de otoño ya no se extingue el soplo reaviva la llama-,
Y el dulce sueño nos bendice la frente, a nosotros ,!oh niños!
¡Que el dormir nos sea grato! ¡Atravesemos con tibieza los vastos páramos!
Que esta vez la muerte sea silenciosa calla niño calla
II- Llanto
Cuando azote el frío autumnal con mas furia que cien mil tempestades,
miremos el último fulgor de la tarde, el viento habrá callado
Cuando la bruja nos llame a salpicar con sangre los senderos del valle,
¡oh sueños! ¡sea la muerte esta vez la que nos muestre el fin de las tardes!
¡Sea! ¡Sueños! ¡Luchas! ¡llantos!: El coro último a confesión los llama.
Sueños, antaño fueron un anhelo, hoy sólo son tenues fuegos que se extinguen.
¡Luchas! ¡Como pasado gustaba de luchar, buscando sin cesar la verdad!
¡Andando por entre parajes de luz, buscando el tibio amor! ¡Oh llama!
¡Llantos!: ustedes secaron todo el desierto de mis cuencas.
Ríos, mares y lagos: con mis lágrimas los he llenado.
¡He vertido incesantes lluvias de mis ojos cansados! ¡He visto inmensas
Muchedumbres riendo, y mi sangre hirviendo bajo aquel sol helado!
Y el sueño, el anhelado reposo eterno, bañará de ambrosia mi frente apacible;
cuando mis párpados cierren seré de nuevo aquel niño inmortal.
Quizás sea éste mi último sueño ¡Inmenso grito en la lejanía!
Quizás deba llamar a la tormenta o al silencio ¿Quién sabe?
Cuando azote el frío autumnal con mas furia que cien mil tempestades,
miremos el último fulgor de la tarde, el viento habrá callado
Cuando la bruja nos llame a salpicar con sangre los senderos del valle,
¡oh sueños! ¡sea la muerte esta vez la que nos muestre el fin de las tardes!
¡Sea! ¡Sueños! ¡Luchas! ¡llantos!: El coro último a confesión los llama.
Sueños, antaño fueron un anhelo, hoy sólo son tenues fuegos que se extinguen.
¡Luchas! ¡Como pasado gustaba de luchar, buscando sin cesar la verdad!
¡Andando por entre parajes de luz, buscando el tibio amor! ¡Oh llama!
¡Llantos!: ustedes secaron todo el desierto de mis cuencas.
Ríos, mares y lagos: con mis lágrimas los he llenado.
¡He vertido incesantes lluvias de mis ojos cansados! ¡He visto inmensas
Muchedumbres riendo, y mi sangre hirviendo bajo aquel sol helado!
Y el sueño, el anhelado reposo eterno, bañará de ambrosia mi frente apacible;
cuando mis párpados cierren seré de nuevo aquel niño inmortal.
Quizás sea éste mi último sueño ¡Inmenso grito en la lejanía!
Quizás deba llamar a la tormenta o al silencio ¿Quién sabe?
III- Despedida
¡Oh mundo de vigilias! El alba retrocede, las nubes tronan con furia.
La noche innunda los vestigios últimos del pasado diluvio de plomo,
y el reloj clamorea sollozando las frías campanadas del silencio,
creyendo encontrar en el pálido sueño la llave para soportar la injuria.
He cerrado mis párpados rasgó la lumbre el frescor otoñal-;
he de dormir eternamente bajo el mas frío sepulcro.
¡Estrella de la tarde! ¡Aurora ya lejana! ¡Oh, fin de las tardes!
¿Es la muerte eso que se oye cuando baja el astro y se instalan las noches?[/
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