Hellen Cristy
Poeta adicto al portal
Quizás el tiempo estremezca la angustia
y la ira de no poder encontrar la salida,
destierre las penas de una vida mustia,
llorando sangre, gritas: ¡Alma mía, olvida!.
El tiempo perdona un andar sin camino,
dispensa el vagar sin sentido al viajero,
trae como premio un único y fiel destino
que se eleva en gritos de un llorar lastimero.
Para así florecer entre penas y llanto,
llevándose de prisa un horizonte solitario,
la vida ofrece a veces poco y a veces tanto,
que transforma un sombrío paisaje en santuario.
Las noches vigilan torpes el dormir pasajero,
el entorno incita lerdo al descanso en vano
porque es mucho el ciego penar, verdadero
del corazón sufriente, débil, roto, prisionero.
Finalmente del padecer surge otro camino
que espera la llegada de su nuevo aliado
para conducirlo a su fiel extraño destino,
con primores de ensueño encantado.
Y miras que la noche ya no oscurece,
el día te brinda paisajes bellos, dorados,
la vida de nuevo brilla y resplandece,
eternizando comienzos de caminos andados.
Volteas, entonces, indagando recuerdos
que viven a la sombra de un alma renaciente,
lo haces alejándote para no rehacerlos,
absorbiendo en tu alma la divina simiente.
Simiente que sembraste si caer en cuenta
que un día sostendrían tu andar en la caída
y aferrado a ella, la existencia te brinda
el renacer con apenas unos pocos soplos de vida.
Las raíces que se ciñen a la tierra inocente
de tu ser más profundo, de tu mar sin olas,
te ha dejado el premio de vivir nuevamente,
acompañando el desierto de vagar a solas.
La cumbre que buscas es distante, imponente,
vislumbras un nuevo camino hacia la cima,
te aferras desesperadamente a la simiente
que siendo tan profunda te empuja, te anima.
Hellen Cristy ©
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