David Johnston
Poeta recién llegado
Un eco canta sobre mi pecho, a gritos su nombre pronuncio,
es tan corta su compañía, aún, si la vida entera me entregara.
Un reloj que corre, un sol que se esconde...
una marca en mis dedos dejó, una caricia en ella dejé,
un beso iniciado que nunca terminó, un abrazo prolongado...
aunque su pecho no estuviese cerca.
Una mirada que queda aferrada a mis ojos.
Así se fue ella, dejando un mañana ansioso, a una alma inquieta...
un papel que pide letras...pide un poema.
Así es ella, viento que mece un mar, tan deseada...tan necesaria.
¿Cómo no amarla?, si es la única que aviva mis ganas,
que me retorna la calma. Un calor que al frio ausenta,
una llama que me llena, un cielo rebosado de aves y estrellas.
Por que simplemente es ella, tan ella y yo la anhelo,
en cada ausencia...en su presencia.
es tan corta su compañía, aún, si la vida entera me entregara.
Un reloj que corre, un sol que se esconde...
una marca en mis dedos dejó, una caricia en ella dejé,
un beso iniciado que nunca terminó, un abrazo prolongado...
aunque su pecho no estuviese cerca.
Una mirada que queda aferrada a mis ojos.
Así se fue ella, dejando un mañana ansioso, a una alma inquieta...
un papel que pide letras...pide un poema.
Así es ella, viento que mece un mar, tan deseada...tan necesaria.
¿Cómo no amarla?, si es la única que aviva mis ganas,
que me retorna la calma. Un calor que al frio ausenta,
una llama que me llena, un cielo rebosado de aves y estrellas.
Por que simplemente es ella, tan ella y yo la anhelo,
en cada ausencia...en su presencia.