Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Simplemente un hombre
que sólo saca jirones de su piel en cada verso,
versos que se prodigan en tus ojos
colándose por el lagrimar cerca de tu iris
y que salen en respiro por las cuencas de tu nariz
volviendo a entrar en un beso por entre tus labios,
para de pronto y sin aviso llegar a tu corazón,
adentrándose cómo saeta indolora,
para mezclarse con tu sangre bullente,
que enloquecida corre por tu cuerpo,
anidándose en tu vientre,
que palpita con cada verso que penetro en tus ojos.
Un simple hombre,
que se pasea en el pórtico de tus oídos
convirtiendo las letras en sonidos
que se mecen en susurros
agregando letras al abecedario de tus detalles
que se acogen en las fibras de tus sensaciones,
que recorren en escalofríos infernales,
por la pista rápida de tu espina dorsal,
quedándose suspendidas en el cóccix,
preparando a dar el salto,
ante la explosión que derrocho insensato,
iniciando el principio de tus espasmos,
que se exteriorizan en urgentes gemidos,
abrigando el abrazo desesperado,
que sin aliento se ha quedado,
con la seducción de mis sonidos.
Sólo un hombre,
que mancebo se ha quedado,
contemplando la curiosidad selenita,
que le sugiere platicar un cigarro,
acumulando sensaciones sobre una hoja,
con la humeante espuma de un café,
que en aroma de mujer se a transformado,
y que es la musa de mis abriles hoy exacerbados,
que se dejan ir junto a la mirada sobre el tejado iluminado,
de un hombre simplemente humano......
que sólo saca jirones de su piel en cada verso,
versos que se prodigan en tus ojos
colándose por el lagrimar cerca de tu iris
y que salen en respiro por las cuencas de tu nariz
volviendo a entrar en un beso por entre tus labios,
para de pronto y sin aviso llegar a tu corazón,
adentrándose cómo saeta indolora,
para mezclarse con tu sangre bullente,
que enloquecida corre por tu cuerpo,
anidándose en tu vientre,
que palpita con cada verso que penetro en tus ojos.
Un simple hombre,
que se pasea en el pórtico de tus oídos
convirtiendo las letras en sonidos
que se mecen en susurros
agregando letras al abecedario de tus detalles
que se acogen en las fibras de tus sensaciones,
que recorren en escalofríos infernales,
por la pista rápida de tu espina dorsal,
quedándose suspendidas en el cóccix,
preparando a dar el salto,
ante la explosión que derrocho insensato,
iniciando el principio de tus espasmos,
que se exteriorizan en urgentes gemidos,
abrigando el abrazo desesperado,
que sin aliento se ha quedado,
con la seducción de mis sonidos.
Sólo un hombre,
que mancebo se ha quedado,
contemplando la curiosidad selenita,
que le sugiere platicar un cigarro,
acumulando sensaciones sobre una hoja,
con la humeante espuma de un café,
que en aroma de mujer se a transformado,
y que es la musa de mis abriles hoy exacerbados,
que se dejan ir junto a la mirada sobre el tejado iluminado,
de un hombre simplemente humano......